MisRelatos.es - Historias

Agosto 13th, 2009

Vínculo: http://www.misrelatos.es/030-historias.html

Era ésta una de esas historias como tantas otras. Pero, como todas, diferente a cada una de ellas. Y, además, con la particularidad de que aún no había sido contada, pues no tenía todavía final. Consecuentemente, se sentía inacabada. Y a ese sentimiento se unían otros dos, producidos por la incertidumbre de tal hecho. Ilusión y temor. El primero de ellos, nacido de la corta vida que tenía esta historia. Era como la ilusión de un niño cuando escucha un cuento y, al acercarse su final, esa ilusión vivida por él durante todo el relato termina en un feliz desenlace. Pues las historias contadas a los niños siempre acaban con finales felices. En cambio, al crecer, las historias de los mayores casi siempre son tristes, con finales más tristes todavía que el propio relato. Y, como en éstas últimas, esta historia sin final definido sentía miedo a acabar tristemente. O, quizá peor, quedar huérfana en su desenlace. No le importaba en demasía que su argumento no fuera el mejor que había leído, ni que sus palabras no fuesen las más bellas, pues bien sabía, como todos aquellos que han leído, como todos aquellos que han vivido, que, en toda historia, en toda vivencia, lo importante no es cómo empieza. Lo fundamental es su terminar. Pues cada vivencia, también es una de ellas. Una de esas historias en algunos momentos de la vida soñadas, o escritas, y en ocasiones, vividas. Ocurre que, aunque no se conozca el final de la, quizá, triste historia que se esté viviendo en un determinado momento, ésta, seguro, algún día acabará. Si lo hace tristemente, será para dar comienzo a una nueva historia con, en principio, indefinido final aún por escribir. Si lo hace felizmente, será para dar comienzo a una nueva historia. Y ésta sí, ya, por fin, feliz, aunque sólo lo sea en su inicio, aunque se desconozca su final. Lo único claro es que las historias están para ser contadas, así como las vivencias están para ser vividas y, en ocasiones, convertirlas en historias que contar. Y ello, a pesar de que no deja de ser extraño encontrar a alguien que sepa escuchar, sobretodo cuando se trata de historias vividas. De tristes historias vividas... con un triste final o, tal vez, aún sin final escrito.

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MisRelatos.es - Tan Fácil Y Simple Como Cierta

Agosto 11th, 2009

Vínculo: http://www.misrelatos.es/029-tan-facil-y-simple-como-cierta.html

A menudo, las conversaciones que mantenía consigo mismo le servían para desesperarse. Otras veces, las menos, para reflexionar. Eran muchas las preguntas que pululaban por su mente. Tal vez más, las reflexiones que éstas provocaban. Pero sólo unas pocas las que le atormentaban. "¿Cuántos años tienes ya?", se repetía desde hacía un tiempo, cada vez que recordaba, o se miraba en un espejo. "Demasiados para mi edad." Contestaba casi siempre. Quizás, por todo lo vivido. Quizás, por todo lo contrario. "¿Y ese estado de ánimo?" Era ésta la cuestión que le acompañaba en los momentos más bajos, en los instantes de inexistente autoestima. "Sí, hace tiempo conocí ese estado... más bien, hace mucho tiempo... demasiado...", solía ser su respuesta, triste, pero verdadera. Pues así era. "¿Acaso los sueños sirven para desahogarte?", le recordaba su mente cada día al despertar. "Eso no lo sé. Pero la vida, o la realidad, me ahoga...". Lamentablemente. "Y después de todo este tiempo, de todo lo pasado... ¿por qué sigues buscando?" A lo que le añadía, tras sentir esta última cuestión inacabada, y esforzándose por reflejar en ella lo más posible la realidad: "¿... siempre, aún sin esperanzas?" Y con ello, la pregunta se repetía de nuevo en su mente, como una burla fortalecida por la desgracia ajena... "Y después de todo este tiempo, de todo lo pasado... ¿por qué sigues buscando siempre, aún sin esperanzas?" La respuesta, tan fácil y simple como cierta... "Porque es inevitable buscar cuando no se encuentra..." Porque es inevitable buscar aunque, puede, nunca se vaya a encontrar.

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MisRelatos.es - Terapia

Agosto 7th, 2009

Vínculo: http://www.misrelatos.es/028-terapia.html

Para él, escribir era como una terapia. Dejar plasmados en palabras pensamientos y sentimientos era algo casi mágico, transmitir emociones en unas pocas líneas significaba que las sentía, o podía sentirlas, y por tanto, que estaba vivo. Miedos, penas, tristeza, dolor, angustia, frustración, abundaban en sus escritos, como si de ese modo pudiese deshacerse de ellas, o al menos paliar en parte las sensaciones que lo abrumaban. Ignoraba si las palabras conseguían producir en quienes las leían algún efecto. Bueno o malo, eso dependía de cada persona. Lo realmente importante era transmitir. Lamentaba no ser capaz de escribir textos que, al leerlos, produjesen sonrisas de esas que tanto añoraba, pero no era él quien decidía. Lo hacía su corazón. Y éste, nunca mentía. Tras terminar un relato, siempre lo leía. Y al hacerlo, a veces se estremecía por tanto dolor expresado. Otras, se sentía reconfortado, pues existía en algunas de sus historias un destello de esperanza. Y en casi todas se veía a él mismo, identificando multitud de hechos, o sueños, de su propia vida, pues aunque no era él quien escribía, sino su corazón, era éste quien más lo conocía y, muy a su pesar, el único que lo quería. Pero también por suerte, el único que todavía lo quería. Por suerte... Todavía...

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MisRelatos.es - Esfera

Agosto 5th, 2009

Vínculo: http://www.misrelatos.es/027-esfera.html

La misteriosa luz que veía desde hacía un tiempo lo mantenía absorto. En la noche cerrada, rodeado de altas montañas nevadas, el cielo cubierto de negras nubes amenazantes, aquella única tenue luz que observaba mientras andaba tambaleante hacia ella era la única esperanza para no desfallecer. Por suerte, tras vagar durante varios días tan oscuros como noches, y cuando su vista ya casi podía confundirse con la neblina que cubría todo alrededor, en un atardecer mortecino la vio y, como hechizado, no pudo ya apartar sus pasos ni su mirada de ella. A medida que se acercaba, empezaba a distinguir pequeñas casas formando callejuelas que siempre daban al mismo lugar, una pequeña plaza en la que, sobre una columna en su centro, relucía una esfera amarillenta iluminando todo alrededor. Y, cuando estuvo ya en la entrada de la pequeña aldea, se sorprendió al comprobar que las calles estaban prácticamente libres de nieve, y que el ambiente era varios grados más cálido que el que la rodeaba. Aún así, el frío pasado, el hambre y la falta de fuerzas hicieron que se derrumbase al sentir por primera vez en mucho tiempo esa sensación de bienestar. Despertó en la cama de una habitación en la que se colaban por las ventanas unos rayos de luz que la mantenían en semipenumbra, como dejando la suficiente oscuridad para poder dormir plácidamente, pero a la vez impidiendo que ésta, temida por tantas gentes, la ocupara. Se incorporó, y no tardó en darse cuenta que nada le dolía, que las heridas del camino estaban curadas, que el hambre estaba saciada. Cogió sus pocas pertenencias, amontonadas en un rincón, y salió a la calle. La luz era la misma que recordaba del día en el que había llegado a aquél lugar. Era de noche, pero todo alrededor parecía iluminado, cada rincón, cada esquina se veía perfectamente. Y, al igual que la vez anterior, nadie había en las calles. Se dirigió hacia la cercana plaza desde la que provenía la luz, y allí observó detenidamente lo que la producía. Una esfera, no más grande que su mano, estaba posada sobre una pilastra unos centímetros mayor que él. De colores rojizos y amarillentos, irradiaba una luz brillante, pero que no molestaba a la vista, y aún notando que el plácido calor ambiental procedía de ella, se repartía por igual alrededor, no siendo más fuerte en su fuente que en cualquier otro lugar de la aldea. Algo, mayor que su voluntad, similar a la sensación que puede producir un sentimiento, le hizo acercarse a ella y cogerla. La inexplicable placidez sentida en ese momento fue suficiente para que, en lugar de depositar de nuevo la esfera en su lugar, la guardara entre los trapos que llevaba como equipaje y se alejase apresuradamente del lugar. Al hacerlo, comenzó a nevar. El viento se levantó, como despertando con furia de un apacible sueño. La oscuridad todo lo envolvió. No logró avanzar mucho desde las últimas casas de la aldea antes de caer de rodillas. Y en ese instante, sólo se le ocurrió sacar la esfera, esperando que le ofreciera parte de su calor. Al tocarla, notó como un pinchazo en sus dedos, un frío intenso que le congeló la sangre. La esfera, antes repleta de brillo y calidez, se había convertido en una esfera de hielo, más fría que la nieve, pesada, dura, y a la vez, inservible. En ese momento, no pudo evitar compararla con su corazón. Pues también a él alguien se lo había robado y, al hacerlo, se había convertido en un corazón de hielo, pesado como un lastre que llevaría toda su vida, duro, impenetrable, y a la vez, al igual que la esfera en esos momentos, inservible. Tampoco pudo evitar arrepentirse de haber robado la esfera. Ignora si la persona que se lo arrebató está también arrepentida. Eso es algo que nunca sabrá. Finalmente, las rodillas también cedieron y se derrumbó sobre la nieve. Lo último que creyó ver, borroso y sin ya saber si formaba parte de la realidad, era a una muchacha que lentamente se acercó hacia él y al llegar a su lado recogió algo del suelo que, al levantarlo, emitió un destello. Consiguió apenas ver a la muchacha alejarse. Después, todo se tornó negro. Despertó en la cama de una habitación en la que se colaban por las ventanas unos rayos de luz que la mantenían en semipenumbra, como dejando la suficiente oscuridad para poder dormir plácidamente, pero a la vez impidiendo que ésta, temida por tantas gentes, la ocupara. Y recordó. Y lloró, como no había hecho desde mucho tiempo atrás. Sólo había querido sentir de nuevo un poco de calor, que su corazón ya no le daba. Sólo deseaba unas manos que lo hiciesen de nuevo brillar como había ocurrido con la esfera. Sólo... "¿Sólo?" le preguntó una voz. "Haz tú solo que tu corazón sea como esa esfera, que regala su luz y calor a quienes tiene alrededor y considera buena gente. Quizá así, ocurra que esas manos que ahora pides estén siempre contigo sintiendo el calor que desprendes, y vayan en tu búsqueda cuando ese corazón se enfríe. No quieras tener aquello que no te pertenece. No desees lograr sin esfuerzo algo tan valioso." No supo de dónde vino aquella voz, ni por qué tras escuchar estas palabras se levantó de la cama, salió de la casa y se dirigió hacia la plaza, como la vez anterior. Al llegar a ella, se sentó y miró fijamente la esfera, recordando las palabras escuchadas. Ciertas eran, pero no le sería fácil lograr lo que decían. Seguía sintiendo la tentación de coger aquella esfera aún sabiendo que de nada le serviría, pero el simple hecho de conseguir algo deseado era en muchas ocasiones mayor que su propia voluntad. Sobretodo, cuando intervenían los sentimientos. Puede que porque este no era el caso en el que éstos se veían implicados, puede que porque lo había intentado y en parte logrado, se levantó y dejando atrás la plaza, la esfera y la aldea, se encaminó sin saber muy bien dónde dirigirse. Tan sólo paso tras paso, logro tras logro, lección tras lección, para intentar crecer como persona.

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MisRelatos.es - Un Bonito Dia

Agosto 4th, 2009

Vínculo: http://www.misrelatos.es/026-un-bonito-dia.html

Por fin, cuando estaba anocheciendo y apenas quedaba ya luz en el camino que le permitiese ver dónde pisaba, llegó a casa. Era un bonito día de invierno, con nubes negras que cubrían todo el cielo impidiendo el paso de los en esa época tímidos rayos de sol, la lluvia cayendo por momentos con furia, el viento silbando y agitando todo alrededor en una carrera sin meta, el frío tan intenso como acostumbraba, apaciguando y ocultando casi toda vida. Cerró la puerta con fuerza, impidiendo entrar a una ráfaga de viento que parecía también querer refugiarse allí, en la calidez de un hogar, y se quitó la ropa empapada. Por suerte, aún quedaban unas pocas ascuas en la gran chimenea que pudo reavivar, y la habitación, junto a la comida que colgaba sobre el fuego, comenzó a calentarse. Se sentó frente a ella. Le dolían las piernas, pero era un dolor soportable, debido a no ser el que más sentía, ni temía. Un poco de agua caliente podía aliviarlo. A menudo soñaba con un mundo en el que todo dolor fuese tan fácil de curar. Pero aún así, se creía afortunado. Le reconfortaba escuchar la tormenta tras los sólidos muros de la cabaña, el viento golpeando todo alrededor, recordar la sensación del frío en el camino, y ahora sentirse protegido de ello. Ojala todo en su vida hubiese estado tan protegido. A veces se arrepentía de no haber resguardado cosas demasiado valiosas como para ofrecerlas sin estar seguro de que serían aceptadas. Su perro apareció somnoliento, acercándose para darle un lametón de bienvenida, y se tumbó a sus pies, cerca del fuego que ardía ya vivamente. - ¿Cómo estas? ¿Qué tal el día? - le preguntó, como siempre hacía, aún sabiendo que no iba a obtener más respuesta que la del día anterior. Ciertamente, añoraba escuchar esas preguntas de otros labios. Al final, ayudado por la calidez del ambiente, el sueño le venció, igual que sus sentimientos lo habían vencido en tantas ocasiones. Y soñó, pues para él era como vivir otra vida. Al rato, una caricia lo despertó suavemente. Su perro. Tenía hambre. No pudo evitar sonreír, a pesar de lo quizá triste del hecho, al compararlo con quien, en el sueño, le acompañaba y compartía caricias. Sus tripas rugieron. Vaya... también él tenía hambre. Los sueños, aunque alimenten el espíritu, no llenaban estómagos.

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