
La noche, junto al frío, había traído la lluvia.
Helada, empapaba ya todo su cuerpo, y le hacía estremecerse, igualando su exterior con su interior, un corazón tembloroso.
El golpe había sido demasiado duro.
Inevitable llorar. Imposible no derramar lágrimas que expulsaran parte del dolor acumulado en un instante.
Pues fue un instante. Apenas una sola imagen en la retina bastó para empezar a ver todo borroso, como el paisaje que ahora tenía ante sí, distorsionado por la lluvia.
Caía ya la última lágrima, cuando las nubes pactaron una tregua con la luna, permitiéndole mostrarse y, por un instante, dejó de llover.
Su lágrima, unida a las últimas gotas caídas, inició un nuevo ciclo en su vida, recorriendo un trayecto de desconocido final.
Y siguiendo el mismo rumbo que el hilo de agua al que se había unido parte de su dolor, fue en busca de algo tan perdido como necesitado.
Anduvo en la noche recorriendo caminos olvidados en su memoria, cogiendo fuerzas de los frutos creados por la vida, bebiendo de las fuentes nacidas de las lluvias.
Y fue en un anochecer cuando al fin la encontró, y nuevas lágrimas brotaron con más fuerza al abrazarse, cruzándose con una sonrisa al descender por sus mejillas.
El tiempo parecía no existir, si no fuese por los brillantes hilos que naciendo de sus ojos corrían por su rostro reflejando los rayos proyectados por la luna.
Caía ya la última lágrima, cuando las nubes cerraron el cielo y comenzó una lluvia de pequeñas gotas, como de lágrimas que se desprenden sin poder evitarlo. Y esta última lágrima, al igual que antes, comenzó un nuevo ciclo en su vida, pues era la misma, recogida en alguna fuente encontrada en su camino. Pero en esta ocasión, no llegó a tocar el suelo.
Se perdió... en su sonrisa.
.- SENS

Casi cada día, regreso tembloroso a la realidad.
Despierto de sueños, la mayoría de las veces, no muy gratos, para descubrir una realidad similar.
Me obligo a seguir mi rutina, casi ya aceptada, pero también odiada.
Veo el día pasar tras un velo de distancia, como si nada fuese conmigo, como si yo no estuviese ahí.
Al menos, las penas se muestran distantes. Al igual que las alegrías.
El tiempo, simplemente pasa, discreto, pero a la vez constante e imparable.
Acaba el día, y regreso donde siempre, viniendo de donde casi siempre: un lugar en el que no quise estar, pero al que casi inevitablemente voy a regresar.
Me derrumbo, intento descansar.
Y acompañado por la tranquilidad, también intento olvidar.
Y es entonces cuando te busco y, por suerte, cuando casi siempre te encuentro.
Y al sentirte en la distancia, sonrío, casi cada día, por primera vez al escribirte...
Preciosa...
.- SENS

A cada paso que daba, bajaba la mirada, y se sorprendía al ver que no caía, sino que seguía en pie. Es más, a cada paso que daba, no sólo no se derrumbaba, sino que avanzaba, y lograba continuar el camino que hacía tanto tiempo había empezado.
Camino que creyó ya terminado, pero inacabado, aquel lejano día en el que desfalleció.
Las causas, ni las recuerda, ni desea hacerlo.
A quien sí recordaba era a una mujer que, instantes antes, se había encontrado. Ella lo miró, y le sonrió al pasar a su lado; y él, aún estando agotado, se levantó para verla alejarse por donde había venido. Rara vez se movía, en sus cada vez más frecuentes instantes de descanso, al ver a alguien pasar. Pero esta vez, sin ser consciente de ello, lo hizo. Y, casualmente, desde ese momento, sus pasos se hicieron menos pesados, el camino más llano, el dolor más liviano.
Recordando a ratos, intentando olvidar en otros, siguió andando y llegó a un cruce en el que un viejo ciego, sentado en una pequeña piedra, parecía esperar a alguien.
El viejo, aún sin poder ver, intuyó su llegada, así que él le preguntó:
- ¿Quién era esa mujer que se cruzó en mi camino? Seguro pasó por aquí, hace poco, y aunque no pudiste verla, seguro también la intuiste.
- ¿No la recuerdas, tiempo atrás? - le respondió -. Vaya, puede que, quizá, ni la conocieras, al igual que muchos otros que por aquí pasan.
- Pero... ¿por qué me levanté a su paso, cuando apenas podía moverme? ¿Por qué ahora puedo seguir adelante?
- Eso es algo que sólo tú sabes - le dijo el ciego.
- ¿Conoces, acaso, su nombre?
- Si. Pero... quizás debido a mi edad, lo olvido con frecuencia. Se llama Confianza. Es ella quien me ayuda a andar sin tropezar, quien me guía en mi camino, quien me ayuda a apreciar la belleza que ya no puedo ver. Se llama confianza, pues en ella se basa mi vida.
Y tras estas palabras encontró respuestas a muchas de sus preguntas.
Confianza.
Es cierto.
En ella se basa la vida.
.- SENS

Son tantas las ocasiones, las veces que desaprovechamos tantas cosas, que apenas si nos damos cuenta de que lo hacemos.
Quizá por ello, llegó un día en el que decidió por fin aprovechar.
Y aprovechó...
... aprovechó la visión que le ofrecían sus ojos para observar la belleza de todo cuanto le rodeaba.
... pero también aprovechó esa visión para llenarla de lágrimas, y así ver borrosa una realidad demasiado amarga.
... aprovechó la capacidad que le ofrecían sus labios para sonreír.
... pero también aprovechó esa capacidad para cerrarlos, y no desperdiciar besos, o hermosas palabras, en demasiadas ocasiones inmerecidamente regaladas.
... aprovechó los sentimientos que le ofrecía su corazón para sentir.
... aunque fuese dolor.
... aprovechó la fuerza que le daban sus brazos para abrazar.
... a una almohada en las largas noches en vela.
... aprovechó la sensibilidad que le daban sus dedos para dejar escritos te quieros en trozos de papel.
... en mensajes sin destino, en sentidas cartas que terminaron tan rotas en pedazos como su quebrado corazón.
Pero aún así, aprovechó... y haciéndolo creció... y creciendo convirtió desprecio y frustración en cariño y afecto, palabras que intentaba transformar en hechos, y pesadillas en deseos por cumplir...
Y desde entonces aprovechó... aprovechó para vivir, para intentar querer, para sentir.
Pues sentir es vivir. Y querer es darle sentido.
El único que realmente tiene...
.- SENS

Apenas recordaba la última vez que visitó aquella casa.
Olvidado los momentos que, de pequeño, había vivido entre los muros casi derruidos de la vieja casucha que tenía ante sí.
Tampoco sabía muy bien por qué tras todos los acontecimientos que se habían producido últimamente en su vida, había vuelto allí. Quizá porque necesitaba encontrarse con alguien o algo familiar, aunque fuese tan sólo un lugar.
Entró en la casa, y a cada paso dado venía a su mente cada detalle, cada acontecimiento ocurrido entre las cuatro paredes que formaban cada una de las habitaciones que recorría.
Así acontecía, hasta que llegó al final de un pasillo y se detuvo frente a una puerta entreabierta. Allí, su mente se tornó en blanco. Nada recordaba de aquella habitación, pero entró en ella.
Era oscura, fría, su olor desconocido. De aspecto extraño, como si no formase parte de aquella casa, al igual que no formaba parte de sus pocos recuerdos. Avanzó a tientas unos pasos y, en un instante, sintió cómo la oscuridad lo envolvía, y el golpe en su espalda al caer y dar contra el suelo. Y tras esto, recordó.
El pequeño pozo en un rincón de la última habitación de la casa servía no como tal, sino como lugar de castigo. Él nunca lo había visitado, pero recordaba vagamente que, cuando había vivido allí, existían temporadas en las que extrañaba a alguien querido, hasta que al final ese alguien caía en el olvido y, sin esperarlo, un día regresaba, pero siendo otra persona totalmente distinta.
Se levantó, e intentó atisbar su altura. Saltó, tras tantear la pared en busca de rendijas que no encontró, y le pareció notar cómo con la punta de sus dedos rozaba el borde del pozo. Volvió a intentarlo, con un poco más de fuerza en el salto, y sintió de nuevo el borde. Pero algo le decía que no iba a salir de allí. Nada había donde apoyarse en las lisas paredes, y ese borde, resbaladizo por la humedad, era como intentar aferrarse a una losa de hielo.
Inevitablemente, tras inútiles intentos, volvió a él ese sentimiento de frustración tan familiar. Pero siguió luchando por salir, poniendo todo su empeño. Nada consiguió. Sólo hacerse daño. Y tras esto, se instaló en él la comprensión, el saber que nada podría hacer, y junto a ella, la desesperación, ambas tan unidas en demasiadas ocasiones.
Gritó, golpeó la piedra, desató toda su rabia, hasta que se derrumbó en el suelo casi desmayado, y sintió la visita de la resignación, la aceptación de una situación que, tras intentarlo, sabía no podría cambiar.
Su mirada perdida creyó ver cómo en un instante un pequeño rayo de luz cruzaba la habitación. Su corazón sintió en la lejanía una esperanza remota. Intentó gritar, pero ni fuerzas tenía ya para ello.
La luz no volvió, la oscuridad lo envolvió. Recordó, quizá por similitud, el pozo figurado en el que había pasado tanto tiempo de su vida tras enamorarse de aquella muchacha, y éste, en el que se encontraba ahora, le pareció incluso más acogedor. Y al recordarla, y guardarla en su corazón, sus otros recuerdos por fin escaparon, le abandonaron, al igual que tantas otras cosas lo habían hecho.
Este era el rincón del olvido. Como no, olvidado. Quizá el lugar que le correspondía, el que había estado buscando. Y por suerte, sabía que nadie iba a echarle de menos.
.- SENS
Blog de la web www.misrelatos.es