No quisiera pecar de atrevido al utilizar una cita que le va a la actualidad como anillo al dedo, pero me permito la osadía. Dicen que Otto Von Bismarck, el Canciller de Hierro, en algún momento y refiriéndose a España, dijo que nuestro país era el más fuerte del mundo puesto que durante cientos de años, los propios españoles habíamos tratado de romper a España sin haberlo conseguido nunca. El tal Canciller es el que en 1870 le dio “pal pelo” a Napoléon III en la guerra franco prusiana logrando trasportar hasta Londres a nuestra Eugenia de Montijo para su exilio. Consiguió por tanto, instituir en Francia la propia República.
Por aquella época y en nuestra España, testigo indiferente de la trifulca europea, tratábamos de poner un poco de orden geopolítico tras el triunfo de la Revolución de Septiembre, conocida como la Gloriosa. Las distintas opciones tanto la restauración borbónica, como la monarquía postiza, como la republicana eran consideradas y discutidas por el personal. Al final se instauró la monarquía de Amadeo I, siguiendo la historia. Curiosamente entre las varias opciones republicanas estaba la federal dirigida y patrocinada por Pi y Margall que, posiblemente, sea la opción que para el momento presente defiende el Sr. Ximo Puig a voz en grito.
Porque la situación está un tanto tocada, sobre todo en lo económico, con cientos de imputaciones con próxima presencia ante la justicia. A pesar de ello, desde las altas instancias del poder constituido, no paran de lanzar mensajes a los españoles al objeto de activar el optimismo: algo así como tirar al aire avioncitos de papel con mensajes escritos en sus alas.
El real optimismo aparece en frases muy conocidas de todos nosotros. 1. La situación está “a punto de tocar fondo”, que es un símil acuático muy a propósito con la llegada del verano y sus playas. 2. Estamos llegando a un “punto de inflexión”, que es lo mismo pero en el espacio aéreo. 3. Estamos ya viendo “la luz al final del túnel” que es un ejemplo cataléptico como puede ser el de los que vuelven… y, 4. Ver la luz “al final del camino” que es bastante más normal pero que nos induce a considerar que estamos caminando entre tinieblas.
En fin. Cosas de nuestra España.
Ustedes perdonen y buenas tardes.

Es de agradecer a quienes se dedican a esta cosa de la escritura, el hecho de que no desprecien en absoluto la aplicación exacta de las palabras con la utilización de vocablos, en muchos casos olvidados, u otros provenientes de los centros en donde se lava, fija y da esplendor, al objeto de demostrar en cada momento que la palabra es un hecho vivo. Unas veces se estanca por definitiva y otras se revuelve adoptando giros y variaciones que hasta nos sorprenden.
En la prensa diaria que es fuente de mi inspiración, compruebo cuanto digo porque si algún estamento está vivo éste es el de los medios de comunicación, siempre, en todos los sentidos, lleno de movimiento.
Hoy en un periódico de casa, he localizado dos veces una palabra normal, más bien científica en cuanto a su uso, que es la de SINERGIA que, puesta en circulación para la narración de hechos poco trascedentes, me parece excesivo. Se refiere al trabajo en conjunto para unos logros pretendidamente mejores que con los del esfuerzo individual. Nuestro diccionario, quizás de una manera no tan concreta dispone de palabras como concordancia, correlación, consenso, unión o reunión.
Otra palabra que se está usando mucho es la de EMPATÍA que es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Como en la anterior, nuestro diccionario dispone de un buen número de sinónimos que, con toda posibilidad son mucho más corrientes: adaptación, afinidad, altruismo, compasión, simpatía…y hasta el mismísimo Síndrome de Estocolmo pueden servir para decir lo mismo.
Si hago mención de cuanto antecede no es por crítica contra quienes descubren palabras en desuso. Lo hago porque cuando ello ocurre, las palabras como las citadas, se ponen utilizan con reiteración y de forma atropellada y masiva, Con ello se logra que el verdadero sentido de la palabra pierda eso, el verdadero sentido.
Buenas tardes y ustedes perdonen.

Dicen que Calímaco, escultor y cincelador griego de la segunda mitad del siglo V a.C. se le atribuye la creación del capitel corintio, pues según Vitruvio, la nodriza de una niña de Corinto, muerta durante la primera infancia, había colocado en la tumba de la difunta una cesta cubierta con una teja, conteniendo sus juguetes; la primavera hizo crecer un acanto alrededor de la cesta y Calímaco se habría inspirado en esta agrupación fortuita para componer el nuevo capitel.

El capitel es elemento más representativo del orden corintio yt se reconoce por su apariencia de campana invertida o cesta en la que brotan las hojas del acanto, cuyos tallos forman una especie de volutas o espirales en sus cuatro esquinas.
El sábado pasado, visitando el Real Monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna, pude observar el acanto en su forma natural como parte vegetal de sus jardines y el acanto, no en capiteles, sino en las paredes barrocas de una de sus iglesias.
Resulta curioso observar la permanencia de determinados elementos decorativos dentro del caos de unas ruinas producidas y consentidas por el hombre dentro de aquel despilfarro que fueron las distintas y continuadas desamortizaciones ocurridas en el siglo XIX. Prevaleció en aquel momento el otorgar títulos de propiedad mediante el sistema de subastas a quienes ofrecían garantías de desarrollo agrario, cuestión casi absolutamente fallida al lograrse, eso sí, el cuarteamiento de aquellas inmensas propiedades en parcelas de escasa productividad.
Se aprovecharon de la parcelación y se abandonó por completo el cuidado de lo que era patrimonio no solo de sus nuevos dueños, sino de todos los españoles. Trabajo cuesta ahora el recomponer el fabuloso descosido y cuantioso es el montante de la reconstrucción.
Tras ver aquellas ruinas a mí se me ocurre pensar que detrás de aquellas reivindicaciones de Mendizábal y Madoz había mucho más que redistribución de riqueza: se trataba de eliminar unas propiedades para pasar de las manos muertas (Iglesia, Ordenes de caballería, nobleza y ayuntamientos) a las manos de unos vivos de escasa honradez, tal como la historia nos ha demostrado.
Detrás de toda esta faramalla histórica que no termina ahí, prevalece la hoja de acanto que dio belleza a los capiteles corintios y sigue dando a las paredes de la iglesia barroca de Santa María de la Valldigna, la posibilidad de un renacer.
De las posibilidades curativas y medicinales de las hojas de acanto nos ocuparemos en otro momento.
buenas tardes
Por una parte se dice que el desconocimiento del inglés es inconveniente insuperable para quienes pretenden trabajar aunque fuera de España. Y, por otra, existe una evidente anglificación (¿), de la manera de expresarse de los españoles. Principalmente los más jóvenes que siguen a pies juntillas a los grupos musicales, imitándolos y hasta adquiriendo su pronunciación.
Y no solamente es fiebre que alcanza a la juventud. Los profesionales de radio y televisión muy en concreto, le dan un tinte inglis a los apellidos que nada tienen que ver, ni con Inglaterra ni con nadie de la zona de influencia inglesa.
Pondré unos ejemplos para poder concretar.
El Presidente de la Generalidad de Cataluña es citado como Ártur Más, así acentuando la “a”l, confiriéndole así una apariencia como muy inglesa. No es así ArtUr, se acentua en la “u”.
Existen apellidos netamente valencianos como son Moner y Fuster (entre otros muchos) a los que se les da pronunciación extraña, como ocurre en el caso anterior.
Existe en Castellón una acreditada Fundación que gira en torno a dos apellidos “Dávalos Fletcher”, de los cuales el segundo es una modificación de “fletxer” que estaría relacionado con las flexas. Se pronuncia, sobre todo en radio como “Flétcher” acentuado la primera “e”, lográndose con ello darle de nuevo apariencia inglesa, cuando es simple y concreto valenciano.
El último caso que quiero citar es el que viví personalmente al hablar con un chico que a mi pregunta me informó que era alumno del Colegio “Din Martin”de Oropesa, demostrándome con ello que estaba muy puesto en pronunciación inglesa. Debo decir asi alguien no lo ha captado que el colegio de Oropesa honora a un ilustre hijo de la villa que allá por el siglo XVII fue “Deán” de la catedral de Orihuela y su apellido era simplemente “Martí”.
Cosas que pasan. Buenas noches.

Los posibles lectores perdonarán a este humilde foliculario el que, una vez más se ponga nostálgico y añorante al contemplar una simple foto tomada el sábado último en un lugar no excesivamente lejano pero fuera del circuito que normalmente hace en su andadura.
Como ven, trata la foto de una familia (más o menos) de “collsverds” tomada en un pequeño lago de agua dulce en los alrededores de Cullera en la provincia de Valencia.
Este pato, cuyo macho ostenta cabeza y cuello verde –lustroso, collar blanco, pecho castaño-rojizo, partes inferiores gris-pálido, cola blanca con plumas centrales rizadas, espejuelo morado en las alas entre bandas blancas, pico amarillo –verdoso y patas anaranjadas.
La descripción anterior hace que me adentre en la memoria y recuerde en la calle, entonces Calvo Sotelo, una armería regentada por la familia Royo. Aparte, naturalmente, de las escopetas, rifles, cañas de pescar, aparejos para caza y pesca, cartuchería y mil artículos necesarios para tales actividades, en el escaparate aparecían, hechos en madera y con capacidad de flotabilidad, unos “collverds” como los descritos arriba. Eran los denominados señuelos o reclamos. “Les enzes” utilizadas por los cazadores castellonenses cuando el “lluent”, el Quadro de Santiago y toda aquella marjalería era etapa propicia para las aves de paso.
Ya les decía que podría ponerme tierno el recuerdo. Parado ante el escaparate de la Armería Royo, quedaba embobado a la vista de aquellos patitos que, aunque de pega, tenían su utilidad. Nunca fui a cazar collsverds, pero su frágil figura, este sábado pasado, me hicieron reflexionar sobre aquellos parajes llenos de agua, “senill” y vegetación abundante, con cazadores apostados dispuestos al tiro. Pobres patitos. Un panorama, un paisaje que se fue para siempre. Pero aún quedan “collsverds”.
Buenas tardes.
