En cierta ocasión solicité de mi amigo Quiquet de Castalia que apease tal apellido por la sencilla razón de que históricamente no tenía una base científicamente precisa. Le expuse que lo de Castalia se refería a una fuente…pero sigamos al pie de la letra lo que dice alguien con bastante fundamento, al referirse a ella: “Castalia. Ninfa amada por Apolo y que al huir de la persecución de este dios se arrojó a una fuente, donde pereció, y a la que dio su nombre y la virtud de infundir a los poetas el numen poético. En esta fuente del Parnaso se bañaba la sacerdotisa de Apolo, del templo de Delfos, después de beber el agua y antes de sentarse en el trípode para pronunciar sus oráculos. Aquella fuente recibía el agua desde el Cefiso y caía en un pilón cuadrado adornado de mármoles y bronces, teniendo en el fondo un nicho con una estatua de la ninfa”. Aparte de favorecer el numen de los poetas el agua de esta fuente, según otros, era la de la eterna juventud. Naturalmente, no era el Molí la Font…
El amigo Quiquet, al parecer, me hizo caso y apeó el Castalia que no era sino una libre interpretación de los románticos historiadores patrios del XVIII y XIX, al leer y releer, tras traducirlos, textos de escritores romanos.
Es lógico que, lo mismo que el propio hombre, los pueblos quieran saber lo que la historia esconde entre sus pliegues de realidades antiguas, de leyendas, de batallas, de amores y de lo que sus habitantes hacían y pensaban sobre ellos mismos. El amigo Quiquet y todos nosotros en algún momento hemos querido saber lo que escondía el día de ayer o el anterior y que nosotros no conocemos. En ocasiones acertamos y en otros tan solo intuimos.
Este mismo verano, con motivo de la JMJ, tuve aquí en casa un grupo de Catzacos acompañados por una italiana, Roberta. Gracias a su italiano nos pudimos entender al traducir ella lo que no hubiéramos podido conseguir por libre y en directo. Me dijo que era natural de la región de la Umbría, en el centro de Italia y que su pueblo se llamaba Castiglione del Lago, pues junto al lago Trasimeno y cerca de Perugia se enclavaba su pueblo. A mi me sonaba lo de Trasimeno y le inquirí información: “Si –me dijo—allí se llevó a cabo la famosa batalla de Anibal y de sus elefantes…”. “Efectivamente –le contesté rápido. Y añadí—esos elefantes pasaron por aquí, por el Caminas”.
Efectivamente, según un documentado articulo, firmado por mi amigo Juan José Ferrer Maestro, Profesor de la Univ. Jaume I, buscando entre los topónimos de Castiglione, aparece el de “ripa de mare” que se refiere a nuestro Castellón y, como referencia cita ala otro Castiglione, el del Lago Trasimeno.
Cosas de la vida. Añoro el entusiasmo con que Quiquet afrontaba todos sus quehaceres madaleneros. No encuentro ningún manegueta entre los actuales que pueda continuar aquella labor un tanto anárquica que aquel giganton un tanto infantil llevaba a cabo.
Buenas tardes.
