Es evidente que los robos se suceden. La prensa diaria nos informa con bastante detalle de los hurtos, robos y lesiones que se producen en nuestro entorno por bandas más o menos organizadas compuestas por aventajados alumnos, pongamos por caso, de los establecimientos de Castellón I y Castellón II (Albocácer).
El anterior subdelegado del Gobierno tenía la rara y evidente maestría de reducir los números absolutos a otros relativos. Tres robos con violencia puede ser un ínfimo porcentaje si tenemos en cuenta la totalidad de los que se llevan a cabo… Tal vez, por no asustar al personal, el tapadillo matemático era eficaz para incrustarlo, junto a la documentación fotográfica, en el necesario curriculum. Así podemos pensar que, a estas horas, aquel señor debe estar contabilizando nubes a las órdenes de su entonces jefe supremo.
También es evidente que este aumento en los robos (con todos los agravantes), se producen cuando la Guardia Civil, desde siempre encargada de la seguridad en el ámbito rural, ha sido relegada a otras cuestiones, también de seguridad y el número de “efectivos” ha sido reducido hasta límites de miedo. Por otra parte sus medios materiales, según se nos informa a través de los medios, son escasos y difíciles de conseguir y reponer.
Puede que sea el paro la causa de estos descalabros y puede que sean bandas de elementos extranjeros los que lleven la voz cantante, pero la desaparición de los cuarteles de la Guardia Civil, su dispersión a pesar de los vehículos, puede que sea la razón por la que , los delincuentes se envalentonan y cínicamente hasta vacían las despensas de las casas en que roban.
Nosotros, el pueblo, que precisa de seguridad para poder seguir viviendo como sociedad y que tiene derecho a la protección que obligatoriamente debe darle el Estado, estamos un tanto temerosos y asustados de cualquier hecho delictivo a que estamos abocados y expuestos. Los robos de cosechas, de aperos, de animales domésticos; de elementos que la civilización nos cede como electrodomésticos y demás elementos domésticos; los tirones y las violencias… es todo un catálogo de inconvenientes que pueden ser evitados.
Espero que el nuevo Subdelegado del Gobierno, Sr. Barelles, no practique el juego engañoso de ofrecernos porcentajes en vez de realidades absolutas.
Buenas tardes.

Lo que voy a decir apenas tiene consistencia necesaria para ser un estudio sobre el cultivo de la naranja aquí, en nuestra Comunidad: el cultivo y, naturalmente, el modo de ser y de entender la vida de cada día por parte de nuestros conciudadanos. Manera de entender la vida de forma muy peculiar, dando vueltas y revueltas a ese fruto esférico, la naranja, que ha sido el modo y el sustento de la vida de muchos valencianos.
Tal vez, al decir lo que estoy diciendo sea tan solo el propósito un tanto teñido de añoranza de quien sin estar directamente vinculado a la naranja y a la tierra que la produce, ha sido testigo del desasosiego y de las alegría de quienes a su cultivo se han dedicado. Palabras como sazón, buen tiempo, agua, poniente o helada han sido de libre y obligada circulación por calles y plazas de nuestros pueblos. En familia o en grupo la conversación, la recuerdo exclusiva por, con, sobre, tras la naranja
Recuerdo que, no hace tantos años, si la cosecha y su correspondiente venta era favorable para el agricultor, repercutía en ciudades y pueblos. El comercio se animaba y el optimismo no era una quimera; se invertía y se animaba la construcción o mejora de viviendas. Todo era posible con las ganancias lícitas y esperadas. Poblaciones como las de la Plana, unas más que otras, hasta fantaseaban con los beneficios y surgieron leyendas urbanas que corrieron de boca en boca.
Pasó el tiempo, cambiaron los aires y aquel sano optimismo se perdió. Nuevos métodos de cultivo, nuevas variedades otros sistemas de riego arrumbaron para siempre con aquella institución que era “l´hortet” que daba sustento a familias enteras y hasta, como he dicho en alguna ocasión, hasta daba posibilidades para que “xic” pudiera estudiar en la Universidad.
Ignoro si nuestra entrada en el Mercado Común, eso que conocemos como Europa, ha sido beneficioso o perjudicial para la menestralía valenciana, agradecida con los beneficios del fruto y sumisa, conformada con los inconvenientes meteorológicos. Puede que el minifundismo imperante haya influido en todo este desvarío. Puede que la política de costes y la competencia de unos países con jornales de miedo, haya tenido que ver con el abandono de los huertos. Puede que Europa tan cuidadosa con sus mantequillas ignore la calidad de nuestras naranjas y prefiera, por cuestión de rentabilidad, el fruto de otros países que, y eso es el colmo, pasan por nuestras narices y, si me apuran, hasta se comercializan como producto español.
Ya sé que no estoy puesto en el asunto y que lo que guía mi comentario es la nostalgia y el recuerdo de tiempos, aunque no mejores, por lo menos, más cómodos para muchos,
Buenas tardes.

Hace tres años estando de vacaciones en Mallorca tuve ocasión de trasladarme hasta Soller y, en aquel privilegiado valle pude comprobar cómo los limoneros –cultivo mayoritario—estaban repletos de fruto y según nos informaron no había posibilidad de venderlos. ¿La causa? El consabido deterioro de los canales de distribución; la competencia de otros países mediterráneos y una posible superproducción siempre presente en estos casos.
Me entero ahora que en el sur de Alicante y en Murcia, los cultivadores de limones se encuentran en situación similar a la que observé en Mallorca. Ignoro si los organismos que coordinan las producciones agrícolas y su comercio son o no responsables de estas situaciones. No quiero pensar en que tales entidades garantes del comercio y la producción están o no en manos adecuadas. Los resultados podrían corresponder a un fallo o a una falta de previsiones, siempre necesarias en esta clase de producciones.
Por mi parte, en plan muy modesto, también sufro los rigores de la superproducción, puesto que el limonero (de tot l´any) que tengo aquí en casa me ha surtido de limones para toda la familia, aún así, noto el exceso de frutos. Para postre, mi amigo Emilio, ayer por la tarde me trajo una caja (siempre hemos dicho un basquet) con hermosas naranjas nável de las de antes y una docena de hermosos limones.
Y lo cierto es que aquí en mi pueblo (que es Castellón) siempre hemos tenido en aprecio este precioso cítrico del que hemos sabido aprovechar tanto el zumo como la corteza. Se ha usado para helados, para cocas, para flanes…siempre, ese fondo un tanto ácido del limón ha sido agradecido por nuestros paladares. También se usa para complementar el sabor de la paella, costumbre ésta, que al admirado amigo el difunto Gonzalo Puerto, lo sacaba de las casillas: consideraba que añadir zumo de limón al arroz, era un insulto para el cocinero al suponer que la añadidura de tal zumo era para disfrazar la calidad de una mala paella.
Cuando mis hijos eran pequeños, Rosa, mi mujer, y yo, a la hora de archivarlos en la cama les cantábamos a dúo canciones de la tierra, como una que precisamente habla de limones.
Eres engayadora
Llima, llimeta.
Boniqueta per fora
Per dins agreta
A raó, a raó de vint-i-nou
Tres borifarres un sou.
Per que la llima
Per voler ser xiqueta
Fa la veu prima…
A raó, a raó de vint-i-nou
Tres botifarres un sou…!!
Habría muchas más cosas que comentar sobre los limones. Otra vez será.
Buenas noches.

Hoy mismo he leído que el Ayuntamiento de Onda pretende potenciar las visitas a su famoso castillo y trata de que, por quien corresponda, se organice y, al mismo tiempo, se potencie una ruta o rutas turístico culturales en la que enlacen los castillos de la provincia enclavados en parajes de belleza inigualable.
No ignoro que los hombres, históricamente, han tratado a los castillos de forma poco adecuada y sin un mínimo respeto para su integridad. Por varias razones: unas veces políticas, otras estratégicas y en muchas ocasiones por simple utilidad, lo que un día fueron fortalezas se han convertido, casi en su totalidad, en ruinas egregias en donde toman el sol los lagartos y su antiguo esplendor pasa casi desapercibido para el ojo humano.
Mi amigo Vicente Forcada, gran especialista en el tema, podría dar numerosos y variados ejemplos de la importancia que en su día tuvieron estas edificaciones hoy sumidas en el olvido.
Hace algunos años, tantos que mis hijos eran niños, y el tema no era de general asentimiento, toda la familia, repletas las mochilas de viandas y propicias las piernas a las caminatas, nos lanzamos durante muchos domingos a la conquista de los castillos de la provincia y de ello, tanto mi mujer y yo como mis propios, guardamos gratísimos recuerdos. Dada mi inexperiencia en el asunto y con unos conocimientos más bien escasos sobre la materia, hicimos de tripas corazón y, con una consulta por aquí y una lectura adecuada por allá, llegamos a tener verdadero amor por aquellos vestigios.
Chivert, Polpis, Almenara, Ahín, Albalat, Miravet, Culla, Villahermosa y otros muchos, sin descuidar los más importantes: Peñíscola y Morella, fueron cayendo bajo nuestros pies y contribuyeron a oxigenar nuestros pulmones y agrandar nuestras perspectivas viajeras.
Por ello, por coincidir con lo que mi familia hizo hace ya algunos años, aplaudo la iniciativa que en Onda ha surgido respecto de impulsar la visita a los castillos provinciales, que fueron, a no dudarlo, castillos importantes en la historia común que todos debemos respetar.
Buenas noches.
En la misma plaza en que agoniza el centenario olmo; en la misma plaza en la que está emplazado el interesantísimo museo de Manolo Rodríguez, allí mismo, en la noche del viernes al sábado, un ciudadano de la Comunidad Valenciana, moría decapitado tras ser cogido y atropellado, según manifiesta con crudeza y realismo el Alcalde de Navajas, como consecuencia de la “exhibición” de un toro en las fiestas de San Antón.
Curiosamente, en el mismo diario en que leo la noticia (Mediterráneo, 22-1-2012; pág. 14), aparece en su pág. 33 el anuncio del “Anuario Bou per la Vila 2011”, en el que se detallan a través de más de 400 fotografías el resumen de la temporada que terminaba con el año para dar paso a la del año en que estamos: 2012.
Según se informa en la misma publicación. Durante 2011 perdieron la vida en la Comunidad tres personas y se asevera que, “el pasado ejercicio fue uno de los mejores en cuanto a exhibiciones de astados, a pesar de la crisis…”
En la misma información también se dice que ayer sábado, al mediodía, se guardaron cinco minutos de silencio, aunque no se suspendieron los actos de San Antón y tampoco el toro embolado de la noche.
Cuando desde todos los medios se lanzan campañas para impedir toda clase de violencia, ya sean en el ámbito familiar o ciudadano y tantos funerales se celebran en apoyo de las víctimas, me resulta absolutamente absurdo y decepcionante que se organicen festejos en los que la muerte ronda por encima de las cabezas de todos. Sabemos que por las autoridades trata de evitarse la ingesta de alcohol y que los servicios sanitarios han de estar preparados para atajar esta clase de contingencias.
Desde siempre y una vez más me declaro absolutamente contrario a esta clase de festejos en los que el toro es parte indispensable. El toro, una bestia que con quinientos o seiscientos kilos de peso y con una envergadura cinco veces superior a la de cualquier hombre no sabe de lindezas y sigue el dictado de su instinto.
Descanse en paz el vecino de Alboraya que fue hasta Navajas para ver los toros.
Buenas tardes.

No hace mucho, con lo de la crisis que nos castiga a todos de alguna manera y, con el fin de mejorar la tesorería de los comercios del centro, sus dueños, optaron por expandir un poco el negocio sacándolo a la calle o, cuanto menos, parte de sus mercancías. Se ampliaba con ello el escaparate y las estanterías y, la clientela, no precisaba entrar dentro del comercio reservándose la supuesta dosis de compromiso de una posible compra. La cosa, al parecer, ha tenido resultados positivos puesto que a pesar del tiempo transcurrido desde la adopción de tal iniciativa, los comerciantes siguen sacando su comercio a la vía pública. Tal vez, el mal tiempo en algunas ocasiones, ha roto un poco la continuidad. Así, todos los jueves, de manera continuada, los posibles compradores han tenido ocasión de adquirir artículos un tanto escondidos en los estantes. De la misma manera, los comerciantes, han podido sacarse de encima posibles artículos que por sus características podían considerarse de inconveniente conservación y problemática venta.
(Los fumadores, también sacados a la calle por la Ley del tabaco pernicioso, tienen, posiblemente, más moral que los comerciantes. Resisten con mucho más estoicismo los embates climatológicos al objeto de darle al humo)
Esta misma mañana de jueves, he pasado por la parte de la calle de Enmedio que se corresponde con el portal de la Purísima y he observado que, aquella zona, ocupada por anticuarios, su número ha crecido y, ante las numerosas puertas cerradas, extienden su stock de trastos viejos para la curiosidad de los más y la compra de los menos.
Ver aquellas “paradas” repletas de objetos, ahora casi muertos, pero que fueron antiguas y recónditas ilusiones, añejas sorpresas mirando a los ojos y regalos que tal fueran mutuos es como adivinar el lugar que alguno de ellos ocuparon. Estanterías, anaqueles, alacenas y paredes fueron morada de estos casi trastos que se ofrecen sin precios fijos; que pueden inquietar el recuerdo de muchos paseantes viendo en ellos algo parecido a lo que fue una realidad evidente.
Enumerar todos los objetos que se exponen a la curiosidad pública precisaría de veinte o treinta páginas como las que ocupas este post. Son “cosas” que en algún momento fueron algo y que ahora esperan que alguien con sensibilidad los recupere.
Vayan cualquier jueves a la calle de En medio y sírvase las reliquias que quiera aunque no sean suyas. De alguien fueron y de su alma desconocida e incógnita partieron hacia el futuro que nosotros ahora tocamos con los ojos.
Hablando de reliquias, por aquí, por el Marquesado del Crémor, también disponemos de reliquias: reales, habladas, cantadas o imaginadas. Parte de nosotros mismos que, sin darnos apenas cuenta, aflora de vez en cuando y nos traslada a tiempos que no eran ni mejores ni peores. Eran simplemente distintos.
En aquellos lejanos tiempos con nuestros cuerpos púberes y nuestras caras imberbes imaginábamos situaciones que la realidad nos ofrecía y que nosotros transformábamos en ideas acomodadas a nuestras ensoñaciones. Los más mayores nos vendían con mala intención sus ideas que tropezaban con nuestros pensamientos apenas estrenados.
Hoy, con lo de los anticuarios, me ha venido a la imaginación, una canción que se cantaba por aquí. Una canción absurda y disparatada que nosotros imaginábamos un tanto procaz y un mucho emparentada con un erotismo apenas intuido. Decía:
Draps, ferros-vells
Que el dimoni t´estira la pell
Con el triunfo te voy a comprar
Un quiosco de betes i fils
Marieta la Mecu, la Mecu
ya sabes que te festecu
ya sabes que yo te adoro
figues de moro y un pinçell.
Si alguno de mis lectores la conoce, ¿podría facilitarme el significado de tal despropósito?. Gracias
Buenas tardes

Últimamente he venido dedicando mi atención en estos rollos posteros a algo tan importante como es el dinero. Dinero que se halla, no muy oculto, detrás de cada uno de los procesos judiciales que se encuentran abiertos y marchando. Es algo tan antiguo como la misma humanidad. Sus variantes pueden ir desde la avaricia a la codicia, pasando por la soberbia.
Para que con los dineros no se entienda la gente, puede llamarse de distintas formas y maneras: Moneda, plata; numerario, efectivo, monises, cacao, cuartos, mosca, pecunia, perras, chavos, tela, guita, pasta…y ya muy en serio puede ser el caudal, el capital, los bienes, la hacienda, la fortuna y el peculio.
Más o menos, todos vamos detrás de estos caudales y de no ser por el freno que impone la moral y el miedo al castigo por su mal uso y peor adquisición, aún correríamos mas desbocados de lo que vamos. Bien es verdad que los dinerines sirven para vivir, unos muy bien y otros menos; que sirve para cubrir las necesidades de la familia y para alcanzar un cierto bienestar cuando uno llega a las últimas curvas del camino. Otros prefieren contar montones de moneditas los muy avaros, aún teniendo los dos riñones cubiertos.
En fin, una verdadera pena para todos. Para los que llegamos con lo justo a final de mes. Para los que no llegan. Para los que se pasan mirando de reojo al prójimo. Ahora bien, lo que no acabo de comprender como hay gente con un estómago tan blindado que llega a prestar el dinero a unos plazos asfixiantes y a intereses del veinte por ciento. Pregunto: , ¿la usura ya no es delito? Tampoco entiendo la merienda que se zampan los bancos con los créditos hipotecarios.
Hace años, cuando las amas de casa eran las dueñas absolutas del libro de caja, se las veían y se las deseaban para cuadrar las cuentas aunque ellas no fueran tan exquisitas en las denominaciones. Se exasperaban ante los aumentos de los precios y ante todo aquello que atentaba contra los caudales familiares. Una filósofa amiga de casa, a pesar de ser ya muy mayor, siempre sentenciaba:
Los enemigos de la mujer son tres: dinés, dinés y dinés.
Cuidado con la cartera.
Buenas tardes.

Esta misma mañana, en la sesión de constitución del nuevo Consejo Municipal de Cultura he coincidido con el amigo Drosi del Raval y hemos comentado un hecho: el de haber aalternado el sábado por la noche en una cena con otro amigo común, el profesor Epaminondas, el cual me “acusó” de que últimamente solo escribo sobre pájaros. Y es verdad. Tal vez mi cabeza esté llena de ellos y lo que por aquí digo no sea más que un reflejo de lo que pienso en inconsistencia e inoportunidad.
Hoy ha ocurrido que cuando desayunaba no he provisto a mis gorriones de la correspondiente ración de migas de tostada. El suelo estaba absolutamente mojado y seguía la lluvia imposibilitando la visita de mis pupilos.
La verdad es que, después de tanto tiempo deseando la lluvia por escasa, ha aparecido la borrasca y a los habitantes del extrarradio, que no es más que eso en el Marquesado del Crémor, se nos hace difícil el salir a la calle convertida en charco (bassal, decimos los de por aquí) convirtiendo nuestro caminar o deambuleo en un concurso de saltitos ridículos buscando para los pies el lugar seco.
Pues volviendo a lo de los pájaros, de cuya observación me acusan, es realmente clarificador el observarlos de cerca sin romper su intimidad. Podríamos, en cuanto a los gorriones se refiere, tomar nota de su psicología, sus reacciones y su comportamiento tan parecido al humano para sacar conclusiones muy jugosas.
Ellos tienen un comportamiento social muy establecido. Tienen perfectamente claro que la edad es un valor del que no se puede renunciar. Son totalmente desconfiados y son conscientes de que los alimentos que se roban a un semejante pueden acarrear perjuicios y por ello huyen. Son, en definitiva, unos ladronzuelos sin remedio.
No quisiera yo establecer comparaciones que, según dicen, siempre son odiosas…pero el comportamiento de muchos de los que por este mundo se pasean, no son más que una copia en relieve de lo que son esos pajarillos que, los muy sinvergüenzas, ni siquiera me agradecen la alimentación matinal que les reparto.
Y la lluvia que siga unos días hasta que “fassa una bona saó”.
Buenas tardes.
Hace pocas fechas mostraba yo mi extrañeza por la ausencia en todos los estamentos administrativos de la justicia española de recursos informáticos que acelerasen los procesos y se impartiera con rapidez la correspondiente justicia. También mostraba mi escepticismo de que la solución llegase con la premura adecuada.
Leo en la prensa local el hecho de que una persona en un supermercado robó una maquinilla de afeitar cuyo precio era de algo más de cinco euros y que tras ser detectado en la caja de salida el artículo fue repuesto en la estantería correspondiente.
No se exactamente la serie de pasos que se siguen tras observarse una conducta delictiva, aunque supongo que comienza con la correspondiente denuncia, el consiguiente atestado y…. una serie interminable de trámites imprescindibles para que la justicia pueda ejercer su función.
Recuerdo muy bien la foto en la que se podían ver los montones de expedientes y legajos más o menos atados con cinta de balduque y por ello pienso que aquello que dije en 8 de Diciembre del pasado año no lo puedo repetir. Entonces dije que “no me lo creo”. Ahora, necesariamente tengo que rectificar y decir “si, me lo creo”.
Buenas noches.
Mi padre por aquellas épocas no era excesivamente optimista; había vívido lo suyo y el resultado de su experiencia vital no ayudaba a las risas y las alharacas. Aproximadamente era el año 1950 y estábamos sentados a la mesa. Solemnemente aseveró que la situación, a su juicio, iba a cambiar. Había descubierto, junto a la puerta de entrada a la casa, dos mendrugos de pan blanco y ello le conmocionó. Ese era el primer indicio. A partir de entonces el pan negro de composición indefinida y misteriosa, desapareció de nuestro panorama para quedarse en vestigio despreciable.
Habían sido unos largos años soñando con un trozo de pan blanco con algo dentro. Estábamos soñando con algo que durante años había resultado inabarcable. Por fin, modificándose perceptiblemente la situación socioeconómica, teníamos en la mano las deseadas barras de pan blanco.
Digo que no por la presencia de la blancura panificada, estaban solucionados todos los problemas. Ni mucho menos. Las personas se apañaban como podían y con mucha imaginación iban supliendo las carencias de todo. Las famosas cartillas de racionamiento del tabaco, producían fumadores a espuertas y las picaduras y los ideales hacían las delicias de los cogidos por el tabaco. A pesar de ello, una lacra, una vergüenza social seguía vigente. Los colilleros, es decir los que recogían del suelo las colillas que los fumadores dejaban apuradas para poder recomponer cigarrillos con papel “Bambú” y el tabaco reciclado, llegaban a componer un verdadero mercado.
Esos podían ser los indicios de que algo podía cambiar y los vestigios desagradables de que algo seguía igual.
Ayer por la mañana, atravesando la estación, a la salida, vi a un hombre que recogía un buen número de colillas y, más aún, hurgando en los grandes ceniceros de que disponen los fumadores, extraía un buen número de ellas.
No quisiera ser pesimista pero existen indicios de que la Arcadia Feliz que nos hemos fumado entre todos, va a pasar a la historia. ¿Puede ser el colillero un ser que nos devuelva a épocas oscuras y desagradables de otros tiempos olvidados?
Buenas noches.
Casi como si fuera una maldición bíblica cayó sobre nuestra tierra ese bicho repugnante que se come las palmeras llamado Picudo Rojo (rhynchophorus ferrugineus) y que nos ha despojado del más decorativo, llamativo y bello árbol de nuestro entorno. Los tratamientos apenas existen o resultan excesivamente onerosos, frenando la posibilidad de que los particulares actúen a favor de la vida de las palmeras.
Me dicen que alguien ha pensado un método para acabar con los picudos que sería el de obtener la colaboración de las urracas (pica pica), sometiéndolas a una dieta forzada y exclusiva de picudos; soltarlas una vez “recicladas” y dejarlas en las proximidad de las palmeras para conseguir la erradicación de los bichos de una vez por siempre.
En teoría el asunto parece verosímil y siendo las posibilidades humanas absolutamente absolutas en cuanto al dominio del medio ambiente, de sus plantas y de sus animales, hemos de acceder positivamente a la posibilidad que se apunta.
El asunto se enturbia un poco cuando se reflexiona sobre la posibilidad de que las urracas accedan a tan mercenaria actividad. La urraca (llamada garza también) que es un animal absolutamente libre y bello, tiene en contra de su bonita apariencia el ser córvido, es decir, parte integrante de las tropas aéreas dedicadas a alimentarse de restos de animales muertos: carroñera.
Otra de las características que ofrece el ave en cuestión es la de ser ladrona en exceso, apropiándose de todo aquello que brilla y guardándolo como un tesoro en sus nidos. Lo atestigua el propio Rossini en su ópera “La gazza ladra”.
Por tanto, me permito dudar de que el orgullo que acompaña a la urraca, le impida cambiar de oficio a estas alturas de la historia. La urraca que disfruta jorobando al resto de los pájaros robando los huevos de los nidos, es decir, siendo una ladrona con clase y finura, pueda apostar, primero con un enclaustramiento necesario para su reciclado y, segundo, que permita resentir su idiosincrasia perfectamente acreditada durante milenios.
Buenas noches.


No hace mucho les contaba hechos relacionados con lo convencional y, hoy, por más señas, llego a la conclusión que no hay nada más convencional que el calendario. Me asomo a la terraza y me saluda redonda y oronda la luna que, no se somete al convencionalismo del calendario pero acude cada tantos días a la cita. Lástima que en algunas ocasiones las nubes le impidan la cita o, al menos, no podamos ver su clara faz.
Porque dicho sea de paso, como ya entonces me parece haber afirmado, nos sometemos, propicios y obedientes a los dictados de las fechas, a la dictadura de los aniversarios, a la irremediable espera del día de cobro.
Prefiero la luna con su ciclo corto y real, nada convencional. Si alguna luna se esconde tras los nublados me parece tiempo desperdiciado e inútil. La espero como los indios sioux o los egipcios o cualquiera de los pueblos antiguos que creían en Selene porque era realidad y no figuración matemática.
He hablado muchas veces de la luna porque, para mí, es casi obsesión, sin llegar a ser lunático ni licántropo. Creo en la atracción de la Luna creadora de las mareas y estimo cierta la influencia de la Luna sobre las personas y, sobre todo, sobre los animales… y sobre los niños:
La Lluna, la pruna
La mare li pega
El pare no vol…
Y para que no me llamen pesado, aunque lo sea, repaso por enésima vez el recuerdo de Bernat a la Luna
A la lluna de gener
Els gats va per les teulades
Fent cançons enamorades
A les gates del carrer…
Bona nit de Lluna Plena.

Cuando llegan estas fechas que tantos dicen que son muy entrañables, llegan a España los Reyes Magos procedentes de Oriente y los paseriformes que proceden del norte de Europa. Al parecer estos pajarillos, entre los que se encuentran los “pinzones comunes” (Fringilla coelebs) y los petirrojos (Erithacos rubecula) y otros muchos, caen por error en los conocidos “paranys” y, naturalmente, ello hace que disminuya su censo.
Desgraciadamente, aparecen las discrepancias entre un juzgado de instrucción y el Fiscal. La legalidad de la caza del parany está medio en entredicho, pero las aves que son cazadas por error, caen en una duda muy razonable para llegar a saber si son retornadas a la libertad limpias de “visc” y con las patitas enteras. Particularmente, opino que puede resultar muy difícil el hecho de que, una vez cazados recuperen lo que les corresponde.
Hace ahora un año, por las mañanas, junto a la nube de gorriones que alimento con migas de pan, aparecía un petirrojo en alegre compañía y este año, pasaban los días y no aparecía el migrante pajarito. Ayer mismo leí lo de la controversia del parany y pensé que mi amigo podría haber caído “enviscat” en las manos de alguien no demasiado correcto con la vida de estos seres.
Hoy, por fin, ha aparecido de nuevo el petirrojo y, alegremente, se ha unido al banquete que yo tenía preparado para los gorriones asustadizos, desconfiados y sinvergüenzas. Sería una pena y grande, pensar que estos mínimos seres, de poca envergadura y poco peso, hayan hecho viaje tan largo y arriesgado para que caigan por error en un “parany”.
Buenas noches.


En la calle San Vicente número 15 de este Castellón que es mi pueblo, en su segundo piso, vvvía alojada en régimen de alquiler, una familia con la que la mía propia tenía en gran estima y que por proximidad mantenía un trato familiar sincero. La formaban un matrimonio, el de Asunción Mercé y Juanito Sanchís, Angelita que era la soltera y Enrique, también soltero y que presentaba una nube en el ojo derecho que le dificultaba la visión. Todos ellos eran hermanos a su vez de un personaje muy importante en Castellón por su calidad de maestro. Don Severino Mercé era todo un símbolo del magisterio castellonense.
El cometido del hermano Enrique era de dependiente en la Paquetería de Sopes (apodo de la familia Bernad) situada en la entrada por el oeste de la Calle de Colón. Curiosamente la jornada laboral de este personaje se veía dificultada con una antigua enemistad con otro dependiente del mismo comercio, problema que cada día venían solucionando hasta que el comercio por consunción y los dependientes por jubilación, trajo la solución tajante. El tal Enrique tenía, a pesar de los pesares, un cierto vértice humorístico un tanto extraño que trasladaba a sus familiares y, en ocasiones, me llegaba hasta en forma de chascarrillo. En cierta ocasión, serio, con su ojo inútil, me contó que le habían asegurado el suicidio del primer fabricante de picos de boina que había en toda la geografía nacional. Se había quitado la vida colgándose de “la sòca d´un timonet”. A mí me dejó perplejo y el sucedido no se me olvidó jamás.
Este día de Reyes, con la benevolencia acostumbrada, a través de su real conducto me ha llegado un regalo consistente en una boina negra con el correspondiente pico. Era como un deseo largamente soñado. Más aún, según dicen los psicólogos, cuando uno, ya de mayor se mira en el espejo ve la imagen de su propio padre. Efectivamente, cada mañana, en ese primer enfrentamiento con uno mismo a través de la imagen, veía a mi padre pero me faltaba su boina.
Los reyes, con su magnanimidad me han proveído de boina para poder estar más cerca de lo que forma parte de mi propia vida. Ya tengo la boina. Ahora podré llegar con más exactitud a lo que no alcanzaba a ver.
El caso es que mis nietos, todos ellos adultos en exceso y padres en lo natural, me han amenazado con “caparme” la boina, librándola del más genuino de los atributos de la boina en cuestión. Me reacción ha sido fulminante. Como a alguien se le ocurra llevar a cabo al “capado” de mi boina entraré en un proceso de venganza que consistirá esencialmente en la emasculación de todos los culpables.
Que ustedes lo pasen bien. Buenas tardes.

Al mirar hoy el blog, observo que he cruzado la barrera de los 500.000 post. No sé exactamente como valorar el hecho pero, vayamos por partes, como decía Don José Sánchez Adell.
Desde el mes de Junio de 2006, he colgado en el blog, mil cuatrocientos cincuenta y seis post que, al ser salsa gustosa a mi paladar, no me han costado excesivo esfuerzo. Eso sí, en alguna ocasión he tenido que utilizar los fórceps para dar a luz comentarios que, o me venían largos o no acertaba a centrarlos. Todo lo demás, cualquier comentario, cualquier crítica o cualquier valoración positiva no me corresponde a mí, sino a esos reales lectores que han ido sumando medio millón. Gracias a todos por seguirme.
Todo ello me lleva a pensar que, dado que hoy en día las condecoraciones se reparten a voleo como el trigo sobre la tierra, no estaría descaminado por mi parte solicitar de quien corresponda, alguna condecoración aunque no fuese pensionada. Solo para poder lucirla en el pecho en días de fiesta como los militares rusos que, posiblemente, por falta de espacio se las cuelgan hasta en la espalda. Me sería igual que fuese encomienda, lazo o medalla, como posiblemente les daba lo mismo a los miembros del Gobierno saliente.
La Real y Americana Orden de Isabel la Católica, fundada por Fernando VII en 1815, ha sido concedida a quien ha “demostrado lealtad acrisolada a España…”
Por su parte la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III fundada por él propio soberano en 1771, bajo el lema “virtute et merito”, ha sido concedida a quienes se han destacado especialmente por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona…
Resulta curioso observar que esta Orden fue abolida o suprimida en dos ocasiones. Durante la I República y durante la segunda a la que los propios condecorados sienten una inclinación, devoción y cariño sin medida, como repetidamente han demostrado.
En fin. Que me quedo sin condecoración. Solo me quedo con el apelativo cariñoso y amigable que me dedican los amigos Drosi del Raval y su compañero Epaminondas: El señor de Cuc. Y con la amistad de quienes aguantan imperturbables mis largos y a veces pesados comentarios.
A todos, gracias y hasta mañana “si Déu vol”.
Era algo cabezón y miope. El pelo rojo y los sentimientos del mismo color. Por algo había sido desterrado de su Soria natal. Nosotros, tiernos infantes con menos de diez años, atendíamos sus enseñanzas porque, todo hay que decirlo, era nuestra obligación. Tenía una risita de conejo sobre todo cuando decía aquello de Debe, Haber y no hay…
Años después, crecido en edad, los hermanos Salamero (Rafael, Ricardo y Raúl), en clases reducidas en aquel caserón de la calle Mayor que había sido sede y taller del Diario República, nos explicaban los rudimentos de la Contabilidad empresarial conocida como de Partida Doble. Entonces llegué a comprender lo del debe, haber y saldo.
Por las fechas a las que me refería al principio, años cuarenta, fallecía revestido con el título de Barón, John Maynard Keynes, considerado como uno de los más importantes economistas del siglo XX, cuyas ideas tuvieron grandísima repercusión. Fue el fundador de un concepto conocido como macroeconomía. Naturalmente, nosotros, tiernos y analfabetos escolares nada sabíamos de aquel señor y, naturalmente, tampoco el pelirrojo dómine que trataba de desasnarnos, iría muy enterado de teorías de ese tipo.
Han pasado muchos años y, casi desde entonces, las universidades de todo el mundo y, particularmente las españolas no han parado de proveer a la sociedad de miles y miles de economistas que, salvo matices, se dividen en keynesianos y antikeynesianos. Todos ellos van a vueltas con las teorías macroeconómicas tratando de poner orden y concierto en el mundo económico tan ligado, como es bien sabido, a los tesoros nacionales, a los dineros patrios y a las deudas inevitables. Como puede adivinarse a pesar de tanto profesional como opina, analiza, previene y --normalmente—no acierta, se siguen discutiendo y aceptando los principios , los conceptos y las teorías del Barón Keynes… o se siguen negando
La prueba la tenemos en nuestro entorno. Endeudados hasta las cejas, tratan los responsables teóricos de mitigar tanto infortunio. La razón, posiblemente, está en que durante mucho tiempo se ha estirado más el brazo que la manga, lo cual es conocido, posiblemente en macroeconomía también, lo que aquel maestro represaliado nos decía con malévola intención: Debe, Haber y No hay.
Buenas noches.
Decía Quevedo: “El mentir de las estrellas/es muy seguro mentir,/porque ninguno ha de ir/a preguntárselo a ellas.”
En mi pueblo, que sigue siendo Castellón, cuando alguien se enroscaba en la mentira, fuera la que fuese, siempre salía alguien que recordaba al que pudo ser el más mentiroso del pueblo: Capeta. “Eixe es més mentirós que Capeta”. También se suele decir que se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
Acabamos de estrenar el año 2012 y el suelo (el patrio, el autonómico y el municipal) se halla embaldosado de mentiras. Unas gordas, gordísimas como las de la exministra Sinde y otras tienen un buen pasar y se esconden tras el disimulo. Si calculáramos el número de mentiras puestas en circulación durante un período no muy grande de tiempo, de seguro que el susto nos llenaría el cuerpo y el alma.
Según la Real Academia de la Lengua y por su diccionario, nos enteramos que la MENTIRA es la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa. Prescindo de otras apreciaciones de tipo moral porque con lo dicho me basta para llegar a conclusiones muy concretas sobre lo que muchas, muchísimas personas que me rodean, me aconsejan, me discuten, me felicitan, me achuchan…
Tal vez por todo ello, quizás sea la palabra con más sinónimos de nuestra parla. Por ejemplo: Bola, trola, volandera, bulo, embuste, trápala, chapuza, chapucería, paparrucha, embustería. Fraude, falsedad, superchería, engaño, embeleco, falacia y patraña. Cuento, ardid, lazo, sablazo, estafa, trapisonda, embrollo, enredo, lío, intriga… y mil más. Todas ellas a nuestra disposición para juzgar…o para probar a ver si sale.
Buenas noches…y no digo ninguna mentira.
