A pesar de todos los pesares sobrevivimos. A pesar de las informaciones que tratan de quitarnos el hipo y la vida, seguimos vivos, porque más aún, es primavera y la naturaleza que nos cobija, nos alimenta y nos mima no dimite que, dicho sea de paso, sería deseable para nuestra salud el que las dimisiones fueran una cadena interminable. Porque, curiosamente, la gente dimisionaria, de antemano, se cubre el riñón y a continuación, con cara de circunstancias, presenta su carta de dimisión.
Es curioso lo que nos ocurre a los españoles con el dinero que nos administran los ejecutivos, los tiburones y los mandamases de la pomada.

Es curioso que el dinero se funda como el plomo y más curioso resulta ver a los autores de los repetidos desacatos, salirse por la tangente como espíritus ofendidos.
Como decía, la naturaleza sigue su curso y así, vemos a la pareja de saltamontes que ajena a lo que por su alrededor ocurre, continua su tarea de perpetuación de la especie. Podrían representar a la humanidad que trabaja y que no pierde el entusiasmo. Tienen en alta estima su función en este mundo.
Por el contrario ¿Qué culpa tiene la rosa? ¿por qué un insignificante bichejo –coleóptero o lo que sea--, se empeña en actuar como la prima de riesgo, cercenando la vida y la belleza de la rosa?
Por hoy no se me ocurre nada más. Seguirán los cañonazos económicos y nosotros, como la pareja de saltamontes seguiremos pensando que la vida merece la pena vivirla aunque bichos como el de la rosa se empeñen en hacernos la más grande de las puñetas.
Buenas noches.
Dicen los que más saben sobre cuestiones políticas, económicas y sociales que estamos en un momento peligroso que puede acabar con todo lo que, hasta la fecha, ha sido sustento de nuestros pensamientos y acicate de las ilusiones de muchas personas.
Pero no. Los ladrones que, como se sabe, no son gente honrada han tomado la dirección de casi todas nuestra instituciones y han estado dictando las normas que casi todos hemos estado cumpliendo.
Dicen que hay una quiebra de todo el sistema y que, naturalmente, a pagarlo “pocarropa”. Los ladrones –que son incontables—han utilizado como arma eficaz la mentira en sus más insospechadas variantes.
La mentira, según el diccionario, es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Mentir es inducir a error, es fingir o aparentar, es falsificar algo o, también, faltar a lo prometido quebrantando un pacto.
Doña María Moliner, más a la pata la llana, resulta más incisiva cuando dice que mentir “es decir cosas que no son verdad para engañar”. ¡Madre mía!
Cuanto personal, cuantos personajes, cuantos asesores, cuantos de todo, nos han estado engañando y como ha crecido su censo, en estos últimos tiempos.
Los mentirosos son pertinaces. Si usted pilla a uno en plena tarea de mentir y engañar, lo más posible es que le diga que mentir, según el diccionario de la RAE es “el chasquido que producen las coyunturas de los dedos al estirarlos…” y, seguro, se quedará tan fresco.
Que ustedes lo pasen bien. No alternen con ellos, no les hagan caso porque siempre ustedes saldrán perdiendo y ellos ganando.
Buenas tardes.

Es algo totalmente cierto el hecho de que hoy, por gran parte de la sociedad se menosprecia, se minusvalora y se margina a la familia. Especialistas de todo tipo y especialidad están alertando de la posibilidad de que dentro de unos años –no sé cuantos--, no haya relevo generacional tal como hoy aún se le conoce. El número de hijos disminuye, una veces por simple abulia, otras por cobardía de hacer frente a la situación supuestamente conflictiva que la llegada de los hijos.
Se considera a la familia un lastre antipático, generador de autoritarismos y algo que a estas alturas del siglo XXI, es algo que se ha de superar desterrándolo de una sociedad cómoda y egoísta.
Quien me conoce es sabedor de las circunstancias dolorosas por las que he pasado con la muerte repentina de mi esposa, de Rosa, ocurrida, además fuera del ámbito normal, lejos de casa. No pretendo, al decir lo que antecede, insuflar un dramatismo literario con el hecho en sí. Únicamente pretendo resaltar el hecho de que si ante tales circunstancias no hubiese tenido el apoyo, la presencia y el cariño de mis hijos y nietos, todo hubiera resultado mucho más duro y dramático. El contacto de mis manos con todas las manos de los míos, ha servido, sirve y servirá para que eternamente obtengan mi agradecimiento y mi amor.
Saben mis amigos que en muchas ocasiones he alardeado de que en la mesa nos sentamos veintisiete personas con mucha paz y bastante armonía. Por cuanto acabo de comentar, sería una plaza menos, pero, hete aquí que me acaban de anunciar el estado de buena esperanza de una de mis nietas, con lo cual el número, a Dios gracias, sigue siendo el mismo… de momento.
Sirva este comentario como aportación al Congreso de las Familias que se está celebrando en Madrid.
Ustedes perdonen y buenas noches.

Mira por donde y, hablando de pasado sobre el Desierto de las Palmas en mi blog de ayer, me entero que tras el abandono de su Convento de las Monjas Capuchinas de Núñez de Arce, la rama masculina de la misma orden residente en la Parroquia de la Sagrada Familia de la Ronda de la Magdalena, también recoge velas. Y no solo estos frailes, sino loa carmelitas de Ros de Ursinos, que, por el consabido problema de crisis vocacionales, también echa el cierre.
Fue este convento vivero abundante de vocaciones carmelitanas que nutrió el cenobio carmelitano del Desierto de las Palmas, en el cual, durante mucho tiempo he conocido gran número de frailes que, tras su formación se han ido desparramando por el mundo.
No soy quien para juzgar sobre las crisis vocacionales aunque si puedo lamentar su existencia. Los frailes del Desierto, en muchas ocasiones dejaron sus quehaceres y su oración y bajaron a Castellón para, con su ayuda, mitigar los graves perjuicios causados por epidemias de cólera. Tanto, que el propio ayuntamiento de Castellón, cuando lo de la famosa desamortización de Mendizábal, medió y abogó para que sus efectos no perturbaran la vida monástica y de oración a la que un buen número de frailes estaban dedicados.
Siempre me ha llamado la atención el sistema de vida conventual y sus matices. Sobre todo la pervivencia de modos de trato humano ya nada corrientes entre el resto de los habitantes de esta tierra.
En cierta ocasión, en la que un grupo de entonces jóvenes, llegamos hasta el convento con la intención de pasar allí la noche. Algunos dudábamos de que, ya de noche cerrada, nos albergaran. El que llevaba la iniciativa, ya en la rotonda de entrada rodeada de banco corrido, tiró de campanilla y de inmediato apareció un fraile rechoncho que nos dijo:
--Ave María.
--Sin pecado concebida. Contestamos todos a una.
--Hermano, por caridad, ¿podrían alojarnos por esta noche?
El hermano sin decir nada, abrió la puerta y todos en silencio fuimos ocupando unas habitaciones –no celdas—que colectivamente compartimos tras el cansancio de la subida.
Es un modo de vivir y una manera de enfrentarse a la realidad.
Añoro aquellas excursiones al Desierto de las Palmas. De verdad. Espero que siempre, ya de noche, en la portería del convento, esté un hermano que me abra la puerta con naturalidad y que me brinde hospitalidad. Casi nada.
Buenas tardes.

Aunque el otro día me refería a La Bartola como mirador ideal para observar la exagerada iluminación de que se dispone en La Plana y en concreto a los términos de Benicasim y Castellón, la verdad es que hace cuanto menos cuatro o cinco años que no había estado en el Desierto de las Palmas.
Este domingo, entre nubes, claros y lloviznas, con mis hijos, subí a la montaña desde Benicasim, atravesamos todo el territorio y volvimos a casa por la Magdalena.
Un cúmulo de recuerdos y vivencias se agolpaban en mi mente. Aquellas caminatas que organizábamos atravesando el desierto, caballeros de alpargata vil y de pseudo mochilas, se realizaban con el fin de encontrarnos con la naturaleza pura que teníamos más mano, privados como estábamos de poder llegar algo más lejos a causa de la falta de numerario que nos lo permitiera. Les Agulles, el Bartolo y otros lugares, eran entonces los modestos abjetivos. Luego llegó algún momento más propicio y volamos algo más lejos y nos envolvimos en los olores y engullimos los sabores de nuestra tierra. Pura envidia me da el amigo Drosi cuando relata sus caminatas…!
Aunque aparentemente esté todo el Desierto igual que siempre, encontré matices que suponen un paso de tiempo. Subiendo al Desierto desde Benicasim, el primer hito que entonces nos encontrábamos era el Más de Mingarro, en donde cogíamos el camino que por la Font del Poll (¿es correcto?) bordeando las viñas y las huertas carmelitanas llegábamos hasta la Font de la Teula. Los incendios reiterados y crueles cambiaron la fisonomía en varias ocasiones. Como es natural el domingo que cito, no usamos tal itinerario y si la carretera que entre rodenos llega hasta el Más de las Comba y que recuerdo haber pasado cuando la carretera era construida como enlace de La Plana con La Pobla y Cabanes. Desde allí, a la derecha el camino de la Font Tallà y siguiendo la ermita y Fuente de San José. (Un día que Rosa y yo huíamos del calor de Benicasim, nos refugiamos en aquel ámbito y observamos durante mucho, mucho rato, el quehacer nervioso de la ardillas…) No quiseque paráramos en sitio alguno. Seguimos por la parte de arriba del Convento hasta llegar a la Portería junto al Más de Feliu y desde allí a La Bartola, aquella feliz idea de Ferrandis Salvador, entonces Presidente de la Diputación y Delegado de Auxilio Social. A partir de allí, el tobogán nos arrimó hasta la Magdalena. La lluvia que nos precedía había dejado el bosque limpio y brillante.

Al pasar junto a nuestro solar, me hice la promesa de que el año de 2013, el día 3 de Marzo, no faltaría a la Romería. De verdad.
Buenas tardes.
Lo que se conoce como fiesta patronal o conmemorativa, es cuestión de vital importancia en el diario quehacer de los habitantes de los pueblos o ciudades que, desde siempre, han prestado interés a lo que pudiéramos llamar la organización de eventos festivos, semana de fiestas, fechas conmemorativas… No quiero llegar hasta el principio de lo que supusieron para los antiguos este tipo de fiestas. No es preciso ir tan lejos por algo que, cada año se renueva sin dejar de lado las raíces de lo que se conmemora. Existe una doble tendencia: seguir lo tradicional, sin dejar de ocuparse de lo que la vida nos depara de nuevo cada día.
Nosotros, por estas tierras tan calificadas de coloristas y barrocas, nadie tiene que decirnos cómo se organiza una semana de fiestas en la que de manera imprescindible se precisa de la colaboración de todos y, sobre todo de su participación. Ello supone que, en ocasiones, lo que organiza el supuesto ente festero o festivo, vaya un poco a remolque de lo que de forma espontánea el público, en un momento dado, demanda.
Así, aunque ese a veces caballo desbocado de la espontaneidad, ha de ser sometido manteniendo las riendas bien tirantes, sin malevolencia, la realidad supera a lo organizado o preestablecido. Aquí, por ejemplo, las “collas”, las gayatas y los particulares se desentienden un poco de lo que el máximo entre festero tiene establecido. No llega, de todos modos, la sangre al río y pasada la semana festiva todo sigue normal.
Estos entes a los que se debe controlar, en ocasiones, se salen de madre como en unas fiestas que acaban de celebrarse aquí al lado y que suponen en alguna ocasión, una concesión a lo chabacano y a cierta ausencia de buen gusto. Y, el caso es que, tales salidas de tono, aunque pudiera pensarse lo contrario, están incluidas en el programa oficial de fiestas cuando más bien parecen producto de la alegría que produce la ingesta de determinadas sustancias. El controlar las defecaciones y el organizar un concurso sobre la actitud y las necesidades de un manso, no me parece adecuado dentro de unas fiestas dedicadas a un santo de lo más venerado. También lo de la carrera a calzón quitado más parece un concurso ajeno a lo que por esta tierra ocurre y tratamos de conmemorar.
Ustedes perdonen el tono. Buenas tardes.
Quisiera, cuando cuento estos cuentos de la posguerra y siguientes, no se me interpretara como un añorante, ni como un resentido, ni como un ingenuo. A quienes nos tocó vivir aquellas épocas nos queda el sentimiento de no haber sido comprendidos por las generaciones siguientes. En nuestra juventud fuimos felices como lo puedan ser en este momento los que nos han seguido en edad. Tuvimos nuestras carencias, pero las suplimos con toneladas de esperanza e ilusión; actitudes que, en estos momentos de crisis no salen en exceso a la superficie de los sentimientos. No soy quien para juzgar con benevolencia a unos, los antiguos, ni con acritud a los modernos. Cada día tiene su afán y cada época sus características.
En mi pueblo, que es Castellón como es sabido, el censo de mujeres trabajadoras, empleadas por cuenta ajena no ha sido escaso. Quisiera distinguir tres actividades. La del servicio doméstico que agrupaba a las sirvientas (a las que estaban “en amo”)y a las lavanderas. Las empleadas en las fábricas de tejidos y afines entonces aunque no grandes factorías, si en número notable. Y a las que durante las campañas naranjeras acudían a los huertos como “collidoras” o a las que en los almacenes llevaban a cabo las tareas de embalaje. Naturalmente dejo aparte a las empleadas de comercio y de oficinas.
Ello suponía un censo de mujeres bastante notable lo que motivaba el inconveniente del cuidado de los hijos, lactantes o escolares. En multitud de ocasiones se recurría a una fuerza mercenaria compuesta por chicas de entre once y catorce años que realizaban el menester de “passejadores”, algo así como niñeras no excesivamente preparadas y que durante la ausencia de las madres se dedicaban a eso a “pasear” los infantes a la par que no renunciaban a los juegos y entretenimientos de su edad.
El estipendio que pudieran recibir era escaso. En muchas ocasiones se les proveía de mandarinas (aquellas de nuestra huerta, sabrosas y repletas de huesos hasta la exageración), pero lo que más satisfacía a las tatas era su ausencia de la escuela. Era una práctica malévola que algo después se erradicó. Las chicas finas (ahora pijas) no querían comer nunca mandarinas porque olían a “passejadora”.
Hablando de escolares, existía otra actividad, ejercida por personas mayores que, aprovechando la amplia entrada de algunas casas, se dedicaban a cuidar niños pequeños (lo que hoy en día en las guarderías se llaman “paquetes”) y la gente conocía como “escola de cagóns”.
En fin, lo de siempre. Con más o menos jabón; con más o menos dinero, casi todo se repite.
Quisiera, desde aquí brindar por aquellas “passejadores” de escasísima formación mi recuerdo. Su labor hicieron. Aunque eso si, como en las comedias de Escalante, su lenguaje era poco elegante pero gracioso. Una le decía a su pupila “Chica, ¿Por qué llores? No lloras. Que cromparé un pastisito de bromera”. Cosas…
Buenas tardes.

En estos momentos de crisis económica, institucional y de identidad, los entes públicos, desde el propio estado hasta el último municipio, y con ellos sus responsables políticos y técnicos, tienen establecido un pugilato para ver quien encuentra soluciones viables para evitar el despilfarro, y con ello, sanear las enjutas cajas comunales evitando en su interior las telarañas.
Uno de los objetivos más perseguidos es el de evitar el enorme dispendio que significa el alumbrado público no solo del casco urbano sino el de todo el término municipal en donde, de forma exagerada, las farolas establecen su reino lumínico.
Invito a quien quiera hacerlo, se llegue tan solo hasta La Bartola, cuando la noche nos cede su oscuridad, para comprobar la cantidad de luces que se llegan a ver, iluminando hasta la exageración no solo el término municipal de Castellón sino el de Benicasim. La mayor parte del año ese ámbito tan amplio y tan ampliamente iluminado permanece solitario, sin gente, fantasmal.
Dicen que existen dispositivos automáticos que, a partir de determinada hora, oscurecen tres de cada cuatro farolas consiguiéndose con ello, reducir la factura. No soy lechuza noctívaga para poder acreditar lo que digo. Simplemente digo lo que oigo.
Dejando aparte, como un paréntesis histórico estos largos años en que se ha establecido la carrera del gasto para ver quien consumía más de todo, desde siempre los entes, a los que me refería al principio, se las veían y se las deseaban para poder pagar con prontitud aquellos servicios técnicos tan poco técnicos y tan escasos en servicio. Se hacía frente al gasto no gastando, tan escasa era la riqueza de que se disponía que era más bien pobreza de la que se pretendía salir con esfuerzo e imaginación.
El centro de Castellón que es mi pueblo, estaba más bien oscuro. Tan solo dos o tres calles disponían de farolas (aquellos limones que ahora han vuelto en algún sitio) y el resto se tenía que conformar con bombillas de escaso vataje y situadas a distancias adecuadas. En la calle en que yo nací y viví muchos años, la de San Vicente, tenía no más de cuatro o cinco bombillas de “veinticinco bujías” a lo largo de toda ella. El sistema de encendido no era automático. Era absolutamente manual, tanto que, un empleado municipal –supongo—recorría en bicicleta todo el perímetro que le correspondía llevando una larga caña con un ángulo metálico en el extremo que le servía para accionar el conmutador. Operación que realizaba al contrario cuando el día llegaba y hacía prescindible la luz artificial. Me llamaba poderosamente la atención el hecho de que el tal empleado municipal, “el llumener”, sin detener la bicicleta realizaba su función, como un picador de toros o un nuevo Quijote “lanza en ristre”.
Aquello se superó, afortunadamente, y vinieron los días de amor y rosas, en los que el cuerno de la abundancia europeo, al secarse, nos ha dejado a todos con el culo al aire.
A pesar de todo, bueno es que se arbitren las soluciones adecuadas parea menguar el chorro que se nos va por el agujero de las manos municipales, sobre todo.
Buenas tardes.
En esto de las opiniones se ha de ir con mucho cuidado para no acariciar la moral de nadie ni herir sus susceptibilidades. Asomándose uno a los medios es como si de un mirador se tratara y lo pudiera ver todo: lo bueno y lo malo. Caminamos estos días, como decía ayer, vigilados por los mercados y su prima, la de los riesgos y no se puede opinar precipitadamente no sea que nos pinten bastos.
Digo todo ello por el asunto de la culinaria y su pariente rica la gastronomía. También entran en este cocido los clientes de los comedores de Cáritas –es un ejemplo—y los clientes del Bulli, pongamos como poloy alternativa opuesta.
Tanto los informes de Cáritas como los de Cruz Roja, alertan del empobrecimiento del personal hasta extremos de pandemia, que impiden la correspondiente ingesta con la que aguantar el cuerpo en vertical. Alguien debe tener los dineros que faltan. De momento se ha de recurrir a la caridad, a las cuestaciones y a buscar almas comprensivas que estén dispuestas a la colaboración por desprendidas.
Lo curioso del caso es que esa cultura de los cocineros famosos (no quiero incluir la palabra chef teniendo la que apunto) ha desbordado todas las informaciones y nos enteramos, por ejemplo, de las estrellas Michelin que cada cual ha ganado. Nos enteramos también de las innovaciones que introducen en sus productos que, en algunos casos, son de chiste malo. También solemos enterarnos que para acceder a tales restaurantes hay que tener cita previa y que una vez dentro, satisfecho el morbo de la nueva cocina, se ha de abonar un pastón que, propiciado por la publicidad no suele ser da bajo nivel.
Así, deslindados los dos aspectos que el mundo actual nos ofrece, uno sofisticado, internacional y de prestigio y el otro sórdido y desagradable, vemos que aparece como factor importante e indispensable el despilfarro: unos que lo practican y otros que lo sufren.
Y no acaba ahí la cosa. Los bromatólogos y los dietistas protestan por el exceso de grasa que determinados alimentos contienen, lo cual, a la larga produce secuelas en la vida de los vivos. Contraponen una dieta como la mediterránea, más equilibrada y sana… pero, a través del cine y de la tele, nos hemos ido acostumbrando a que lo mejor para el paladar es la pizza o la hamburguesa, eso sí, aderezado con diálogos de película americana. Estos americanos han llegado a sublimar los dos elementos alimenticios de más baja calidad y peor enjundia culinaria. Es como el triunfo de lo elemental, rudimentario y primario, un revival paleolítico, vamos.
Acabo de recibir un revista en la que se enaltecen las virtudes de las hamburguesas y me lleva la memoria hasta las ruas (hoy conocidas como bocatas) que mi madre me preparaba para merendar en años…¡ay! y comparo las virtudes de aquella alimentación asentada sobre el sosiego, con estas innovaciones ajenas que tan solo sirven para poder engullir a toda prisa –sin tocar para nada el paladar—tragando impunemente hasta lo que en cierto momento se dijo, la carne de canguro. O que sirven en muchos casos, para celebrar algún acontecimiento utilizando estos comistrajos como signo de elevada cultura gastronómica. Siempre aparece en las películas algún americano que dice: “Te invito a dos hamburguesas y a una pizza…” ¡Grande acontecimiento!
Ya decía al principio de este rollo que podría rozar la ofensa de quien se considere forofo de la carne picada. No es mi propósito. Tan solo rememorar aquellas épocas en las que una de las meriendas más apetitosas y apetecibles era el pan con chocolate.
Que aproveche a quienes estén comiendo o a punto de comer. Recuerden.
Buenas tardes.

Como queda bien patente desde hace tiempo yo, de economía ni papa. Y de macroeconomía… Pues eso es lo que pasa a una mayor parte del personal. Entiendo perfectamente lo de la teoría familiar que no se puede gastar más de lo que se ingresa. Este concepto es el que gira, da vueltas y nos envuelve en toda la información que se nos brinda y con la que se nos castiga a diario: minuto a minuto. Me pregunto: ¿si esa teoría tan elemental no se sigue, cómo van a seguirse otros preceptos, otros conceptos y otras teorías que enlazadas o entrelazadas entre sí forman parte del lío en qué nos han metido?
Los bancos dicen que no tienen dinero o, cuanto menos no tienen el que dicen tener según balances e inventarios. Los indignados, qué duda cabe, tienen razón. Todos estamos tomados por la cabellera. Posiblemente no han sabido plantearse la situación. Posiblemente las soluciones no están en otra alternativa política. Y me pregunto ¿Ha desaparecido por completo el dinero? ¿Han escondido la pasta los malvados?
El riesgo, las primas, los índices…todo lleva a que se nos informe de forma negativa sin atisbo de poder ver eso que constituye el tópico más tonto de los últimos tiempos el de ver la luz al final del túnel.
Los que sean culpables que devuelvan el dinero y que la justicia reparta suerte entre ellos.
Buenas noches.

Utilizando retazos de definiciones, ideas ajenas (que suelen ser mejores que las propias) y postulados para echar a andar aunque sea por casa, al parecer, lo del bienestar, por mucho que se diga lo contrario, es cosa ya del pasado. Alguien se merendó las perras necesarias con que sufragar el dispendio y ahora, llorando, anhelamos la patria risueña. Porque. De la misma manera que J.Montesinos dice en ABC “de izquierdas o de derechas el crecimiento no es una cuestión del BOE o del Instituto Valenciano de Finanzas…”, el bienestar no está fijado por Real Decreto, ni tampoco es algo que pueda deberse a una iniciativa parlamentaria. Si hemos tenido un estado del bienestar será porque alguien se lo ha currado; de la misma forma que si el tal estado se ha volatilizado es porque alguien, como digo más arriba, alguien se lo ha merendado.

Vayamos por partes. El estado del bienestar se define como el “sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias o injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos beneficiados”. Ello, naturalmente, ha de estar basado en la Economía de Bienestar cuyo “objetivo global es extender a todos los sectores sociales los servicios y medios fundamentales para una vida digna”.
Ello, como es lógico está basado en tener “un conjunto de las cosas necesarias para vivir bien”. Lo cual nos lleva a “disfrutar de una vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad”. Y con ello se llega a la siguiente definición “el bienestar es el estado de la persona en el que se le hace sensible un buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”.
De todo ello deduzco, que de izquierdas o de derechas el bienestar no es una cuestión del BOE o de algún centro de planificación… pero se puede recuperar ¿cómo? La solución, otro día.
Buenas tardes.

Lo reconozco. Soy como un vicioso de la prensa escrita. Durante años y años, de una forma u otra¸ he seguido la actualidad a través de la prensa impresa. Podría decir que, aunque la radio y la tele me ofrecen la actualidad de inmediato, necesito el calor y el color de la letra impresa; el sabor del comentario o el olor silvestre de la crónica lejana. No desprecio los noticiarios de radio y tele: solo necesito complementarlos con lo que aparece al día siguiente. Es como preferir el libro a cualquier otro medio más o menos electrónico. Puede que de la imagen de un viejales aburrido y ajeno a la actualidad.
Quizás por ello, estos últimos tiempos, desde que lo de la crisis va en serio, el medio por mi preferido, la prensa escrita, me resulta árida y antipática. Se suceden las noticias negras, se nos informa de lo desagradable. Queda reflejada una mala leche impresionante que aflora en las palabras de cualquiera que tenga voz. Ya, el otro día decía que las peticiones del personal eran constantes, desde el parado que no tiene ni subsidio ni comida y que bien hace reclamando, hasta los que con sueldos, gratificaciones y prebendas hacen de la reclamación una doctrina por aquello de sus adscripciones.
Pues bien. Hoy, sin ir más lejos, he leído algo que añade al cotarro un poco de alegría. Tras tantos resbalones, zancadillas y amenazas, un sector de la producción, el del azulejo en concreto, va a ver elevado el sueldo de sus trabajadores en un porcentaje que no es ninguna lotería pero que supone un dato positivo entre tanto lamento. Ignoro si ello supone un triunfo de alguien o, por el contrario es consecuencia de aquellos brotes verdes que hace años se secaron sin haber llegado a nacer.
Sería de desear que, entre tanto pesimista más o menos interesado alguien de un paso al frente y suavice la situación de tantas y tantas personas que ven en peligro hasta su integridad personal.
Estos días que, por razones personales no estoy en el mejor de los momentos de mi vida, pienso en la posibilidad de que lo negro desaparezca para que brilles lo claro y lo blanco a pesar de tanto agorero y de tanto arúspice interesado.
Que ustedes lo pasen bien.
Buenas tardes.