Lo digo de manera sincera. La inauguración de los Juegos Olímpicos del año 2012 fue un soberano aburrimiento. Desde el principio hasta el fin.
El exceso de música embotellada y las ocurrencias del realizador llegando al salto desde un helicóptero de la propia reina fue (a mi entender, claro) una soberana patochada que no la salvó ni el gag del Mr.Bean que no añadió nada nuevo a su curriculum. El desparpajo con que las dos aburridas locutoras nos informaron sobre las bondades, las gracias y los antecedentes sociales y políticos de U.K. no llegaron a colar en la audiencia. El papel de salvador de la humanidad que las dos mozas atribuyeron al Reino Unido, no cuadra con la opinión que de ellos tenemos unos paralelos más abajo.
La patochada de que hablo no son capaces ni los propios americanos de inventársela. Montañas, chimeneas, aros monocolores y miles de tamborreros no distrajeron a nadie.
Esperemos que las Olimpiadas terminen pronto.
Buenas tardes.

En alguna ocasión y en el momento oportuno me he referido a lo que en el programa de fiestas de nuestra Magdalena es llamado “Coso multicolor”, que no es sino un remedo o una parodia de lo que en otros sitios es conocido como Batalla de Flores.
Hoy veo en la prensa las fotos correspondientes a la batalla celebrada en la ciudad da Valencia como remate y final de las Fiestas de Julio. Un buen número de carrozas ocupadas por las falleras y un millón de “cavellons” como indoloros proyectiles usados por todos.
Los “clavellons” (tagetes erecta y tagetes patula) es planta que pertenece a la familia de las compuestas. Se cultivan para setos y jardines y en Valencia se utilizan estas flores en la batalla citada. Es planta que florece en verano. Se llaman también “flors de batalla” y “clavells de mort”.
Para ello se reservan campos de la huerta en los que cultivar de forma masiva estas flores. Yo mismo, este año, tengo una maceta que muestro más abajo.
Pero lo que yo pretendo no es dar la noticia que ya está dada por los medios. Yo lo que quiero resaltar es el hecho de que en aquel “coso multicolor” con acento de los años veinte castellonenses, por la razón de la época no pueden usarse “clavellons” u otra clase flores y se usa el confeti carnavalero y las serpentinas que no lo son menos. Como consecuencia de los cientos de kilos de tal material que se maneja, se produce una nube de polvo de papel –supuestamente perniciosa—que obliga a las niñas de las carrozas a utilizar mascarillas desechables.
Pienso que de no tener las ya citadas flores valencianas, la perenne Junta de Fiestas castellonense podría ponerse a pensar en algo menos peligroso que el confeti y algo menos molesto que las serpentinas.
No dudo de la capacidad de inventiva y repentización de los miembros de la Junta de Fiestas y puedan Inventar algo que resulte más vistoso, más oloroso y menos peligroso que los papelitos…
Buenas tardes.
El recuerdo más antiguo que guardo de los tatuajes es el de las anclas en los antebrazos de Popeye. Más tarde vinieron mis lecturas de piratas y las consiguientes películas hasta llegar a una concreción como la vista de algún legionario. Mientras, la canción cumbre de Doña Concha, con letra de Rafael de León en que se retrataba la vida acanallada de los marineros de los cincuenta. “Mira mi brazo tatuado/con este nombre de mujer,/es el recuerdo del pasado/que nunca más ha de volver…” O el dibujo de una novia lejana, o de una virgen de particular devoción. Siempre vi en los tatuados un ir para no volver: el arrebato de un momento con visos de perennidad. Lo juro. Me asustaba el no regreso, el tener que permanecer atado a un dibujo, un nombre…siendo los hombres y las mujeres tan cambiante y volubles.
Hace años que se impuso el tatuaje. Dentro del “body art” (arte corporal) es un estilo enmarcado en el arte conceptual de alguna relevancia en los sesenta, especialmente en USA. Se trabaja el cuerpo como material plástico, se pinta, se calca, se ensucia, se cubre, se retuerce; el cuerpo es el lienzo o el molde del trabajo artístico.
Me pregunto, ¿se utiliza el cuerpo ajeno para tales “perfomances” , para que el artista pueda elucubrar en sus dudas y sus íntimas interrogantes? ¿Se prestan los tatuados a que alguien más o menos visionario quiera demostrar sus dudas?
Eso de ir al castillo de irás y no volverás, me seduce muy poco cuando la mayor parte de los tatuajes son permanentes. ¿Estamos entrando en una espiral en la que el centro es el cuerpo humano con el que se juega? ¿Estamos en un nuevo episodio de Frankenstein? ¿Son conscientes las mozas que achican o agrandan sus tetas a voluntad?
Siempre he oído decir y, ello es casi un axioma, que cualquier intervención sobre el cuerpo humano supone un riesgo. ¿Estamos corriendo un riesgo absolutamente innecesario por adscribirnos voluntariamente a una corriente artística?
Son cosas que yo me pregunto.
Buenas tardes.

El amigo Juan Enrique Más, periodista, cuando comenzó lo de la comarcalización como consecuencia de la Autonomía, al referirse a las comarcas del centro de la provincia las titulaba de “Valles Centrales”, a mi modo de ver con acierto. Tres valles que van de norte a sur dan carácter a esta parte de la provincia castellonense: El primero que va desde La Pobla Tornesa hasta La Jana; el segundo es el que está surcado por la Rambla de la Viuda primero y Carbonera después y el tercero que resulta más pequeño aunque vivo y poblado como es el Pla de Meanes que termina en Torre Embesora. Obviando cualquier sugerencia al respecto, los geógrafos y los políticos valencianos impusieron la actual comarcalización que, en lo referente a la zona que aludo, solapa la Plana Alta, el Maestrat y la Comarca del Alcalatén. Una verdadera pena a mi entender porque me resulta absurdo que la localidad de les Coves de Vinromà quede desvinculada del Maestrat de Montesa (fue Bailía Major) y pasa a formar parte de la Plana Alta que más que una comarca es un churro.
Me metía hoy en estos berenjenales porque el fin de semana lo he pasado en uno de estos valles cuyas características son bien patentes. Y, al estar en contacto con la naturaleza he visto un árbol ya casi desaparecido cuya peculiaridad era la de producir un fruto utilizado y mucho por los vecinos de la zona. Me refiero a la “servera” cuyo fruto es la “serva” que en otros enclaves nada lejanos se conoce como “azarolla” y “sorolla”.
La fruta la da en otoño y como todos los frutos de esta época es total y exageradamente astringente. Los beneficios que sobre diarreas y cagaleras pudieran observarse y transmitirse, quedaron oscurecidas por los medicamentos específicos contra tales males.
Era todo un rito el disponer sobre cañizos “les serves” para lograr la total maduración. La dosificación variaba entre las comarcas yendo de dos “serves” a veinte “serves”.
Es necesario recoger todas estas antiguallas al objeto de poder estudiar el comportamiento de nuestros antipasados y reflexionar sobre la utilización de frutos absolutamente naturales.
Acompaño una foto en la que pueden verse aún verdes “les serves”. Decían los más antiguos al referirse a estos árboles de lento crecimiento que los plantaban los hombres para que se beneficiaran los nietos. Verdad será, digo yo.
Buenas noches.

A pesar de las connotaciones negativas que yo apuntaba ayer sobre los trasteros, en ellos, pueden encontrarse por alguno de sus infinitos rincones, vestigios de pensamientos apenas intuidos y proyectos que no pasaron de una simple inspiración.
Hablaba de una de sus características principales y era la del olor a cerrado, porque cerrado el tratero permanece la mayor parte del año. Aquí en casa, a ese olor lo denominamos olor a “sostre”, confundiendo la traducción de “techo” por la de desván. Que lo diga sino el amigo Drosi experto en parla. O que Juanjo Trilles asevere ante la pifia, aquello de “cal dir…”.
Por todo ello quiero referirme a otra perla reencontrada referida a una época muy concreta. La del inicio de la Universidad de Mayores en el seno de la Jaume I. A Salvador Cabedo lo conocí en el Colegio Universitario, aquel que se instituyó como arrendatario del Seminario y durante años estuvo impartiendo estudios universitarios un tanto incompletos. Este Profesor de Filosofía, formado en Alemania, en varias ocasiones me habló de las aulas dedicadas a las personas mayores en la universidades alemanas en las que se trataba, con tales aulas, reencontrar a muchos mayores con estudios y disciplinas ya lejanas y, en otros casos, aproximar el Alma Mater (a la madre nutricia) a quienes por diversas circunstancias no habían pisado tan doctos pavimentos.
Salvador Cabedo, regularizada la Jaume I, aireó convenientemente la universidad de mayores de ahí que y otros treinta y tantos, nos matriculásemos, asistiésemos dos días a la semana completando así un primer ciclo de tres años y, a continuación, atendiendo nuestros ruegos, otro de tres años más.
El rememorar estas vivencias forma parte del contenido del trastero de la memoria. Hubo momentos sublimes y, tratándose de mayores, me he de referir a las ausencias de quienes formaron parte de aquella primera promoción. Gallén, Álvarez Ballarin, Pérez y algún otro que se me escapa por las rendijas del trastero. Hubo también momentos chuscos y chocantes como el de la aparición de un estudiante ya aventajado, algo mayor que observaba una actitud un tanto rara. Le dediqué un soneto muy malo, porque el personaje no era mejor.
Viene a esta clase un tío
antiguo, calvo y bien vestido,
del que nadie sabe de do ha salido,
caído por aquí tras el estío.
Al parecer su sapiencia es mucha
en viendo las interrupciones,
pues pregunta sobre todas las cuestiones
y parece que para nada escucha.
Mucha paciencia ha de tener el docente
en notando tan continua interrupción
al perder siempre el hilo del carrete
a causa de la pesadez de tal paquete
que es motivo de cachondeo e irrisión
entre el sufrido colectivo discente.
Eso es todo lo que me sugiere mi trastero. Si me empeño, seguro que saldrán más y más motivos de recordanza y de reflexión.
Buenas tardes.

Cuando el reciente ”boom” inmobiliario, los vendedores doraban las píldoras promocionales añadiendo en sus ofertas, entre otras ventajas, la plaza de garaje en el mismo edificio o un trastero. Ya opiné sobre la cuestión hace algún tiempo en el sentido de considerar el trastero, eso: un almacén de trastos inservibles, de juguetes irrecuperables, de artilugios rotos. Todo ello aderezado con el olor inconfundible de las cosas viejas que nos hacen levantar las aletas de la nariz en plan defensivo. Pensaba –y sigo pensando— que cuando algo ya no sirve su mejor destino es el ecoparque en el más civilizado de los casos, o más expeditivo, en el contenedor de la basura que tiene la genta bajo de casa.
Pero, por la boca muere el pez. Tengo un garaje en el que cualquier día no me cabrá el coche a la espera de la liquidación de paquetes y cajas preparadas para su expedición a lo más lejano. A pesar de lo que digo más arriba, soy coleccionista de todo y cualquier papel puede ser un dato, un motivo de comentario o un recuerdo.
Cuando estaba escribiendo la serie “Per places, carrers i carrerons”, fijé mi atención en un personaje del que escaseaban noticias a pesar de tratarse de un individuo singular, de un autor teatral, de un notable poeta…nacido en Castellón allá por la primera Guerra Carlista (1837) y fallecido en Madrid en 1883, según unos. Comenzó estudiando Derecho y acabó “com Camot”, como decimos en mi pueblo. Llegó a estrenar algunas comedias entre ellas “El que nace para ochavo” y muchos autores pudieron estrenar otras gracias al negro trabajo de Don Pelayo del Castillo. Pudo con él la vida bohemia de aquel Madrid de la Restauración y dentro de tal vida, a la que adoraba en exceso, la botella.
Una gacetilla sobre teatro publicada en el “Gil Blas” de 24 de Enero de 1887 comenta el estreno de la obra citada, lo cual induce a pensar que 1883, no es la fecha exacta del óbito. Se refiere a las cualidades teatrales del autor: “Su principal talento, el que todos le reconocemos, el que muchos le envidian y del que algunos se aprovechan es el dialogar con una soltura y corrección admirables…” “El día que el autor de (…) escriba por algo más que por el miserable amor a la chuleta; el día que ordene un poco las poderosas facultades de su imaginación y ajuste su vida a las exigencias de la sociedad, que hoy desconoce, aquel día no dudamos que las letras tendrán un adepto que las honre y el teatro un escritor que lo engrandezca…pero ¡esperanza inútil! El día que el Sr. Castillo haga todo eso se considerará desgraciado y hoy no se cree más que un excéntrico”.
Una prueba de sus posibilidades la da el poema siguiente:
Homero pidió limosna;
el ilustre genovés,
el gran Colón mendigando
por toda la Europa fue;
Cervantes pasó en su patria
más trabajos que en Argel;
que los tres tuvieran hambre
es indudable; pues bien;
yo, sin valer la mitad,
tengo el hambre de los tres.
No lo tiren todo. Siempre hay algo del pasado que nos pertenece y no basta la simple memoria. Precisamos del objeto, del papel de lo tangible… pero no lo lleven al trastero.
Buenas tardes.

Ayer martes me pasó por alto el hecho de que se conmemoraba la festividad de San Cristobal que, junto a San Blas componen el equipo patronal de mi pueblo.
Cuando me ocurren fallos como éste, de inmediato echo mano de la “Legenda aurea” o Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine que me pone al día en santoral cristiano.
En ocasiones se ha cuestionado la existencia o no existencia de tal santo de gran predicamento y devoción sobre todo en la edad media, época repleta de pestes y epidemias, lo que, al parecer, posibilitaría su patronazgo al sufrir Castellón tales males, aparte del carácter endémico del paludismo siempre presente nuestro término.
Según el autor citado “Cristóbal de origen cananeo, en su edad adulta llegó a medir doce codos de estatura; por su corpulencia y su aspecto de gigante infundía terror a quienes le veían”. Por su parte San Ambrosio compuso en honor de este santo un prefacio que en su parte final, dice: “Este santo alcanzó de ti la gracia de que perdonaras a quien tanto había perseguido, te rogó que en adelante libraras de enfermedades y de pestes a cuantos se encomendaran a él y tu tuviste a bien acceder a su ruego”.
De ello deduzco el patronazgo de Castellón y compruebo que Cristóbal era un gran gigante. un “codo” es “una medida lineal, que se toma de la distancia que media desde el codo a la extremidad de la mano”. Efectuada la medida de ni antebrazo que resulta ser de cincuenta centímetros, llego a la conclusión que, efectivamente, San Cristóbal podría medir de altura, cuanto menos seis metros.
Y hablando de gigantes en sentido figurado y en relación con la capacidad de trabajo, de sufrimiento y de superación de las personas, he de referirme al amigo Amadeo Ramos, autor del cartel anunciador de las fiestas del Santo que ahora se celebra. A Amadeo lo conozco desde siempre. Desde que el solito cavó el hueco de una cisterna allá por el Grupo San Marcos en lo que era su vivienda. No tendría, mayor mérito si el trabajo lo hubiera realizado con los dos brazos, pero Amadeo no disponía de uno de ellos. Esa circunstancia no le arredró lo más mínimo. Años más tarde lo vi al frente de un restaurante en Peñíscola, en donde camino de casa desde Tarragona, comimos la mejor paella de mi vida. Se dedicó a la venta de pescado, eso si, conduciendo su mujer. Amadeo, en otro aspecto, era –y supongo que lo seguirá siendo—un gran voz flamenca. El cante por lo bajini con acompañamiento de Alex Querol nos hizo vivir veladas inolvidables.
Por fin, ahora, ya mayor lo veo presentando el cartel anunciador de las fiestas de San Cristóbal. Sorprendente como siempre.
Un saludo al amigo Amadeo y par mis clientes, muy buenas tardes.

Vengo observando que, en cualquier publicación sea diaria o semanal, aparecen multitud de páginas dedicadas a recabar la opinión de la gente de la calle sobre cientos y cientos de acontecimientos, para extraer de tales opiniones sabrosos y apetecibles comentarios y sesudos artículos con que llenar páginas y páginas.
Cuando se acercan elecciones, avezados encuestadores atracan a los ciudadanos y casi secuestran sus opiniones acerca de los programas que se plantean por los partidos, llegándose, en ocasiones a conclusiones de todo tipo: desde acertar aunque sea por casualidad, no acertar en absoluto o errar los cálculos extraídos de las encuestas de forma risible. Las mayorías absolutas o las relativas escapan a veces de quienes pretenden domar las opiniones.
Este sistema de adivinanzas, de predecir el futuro con simples opiniones, sistema ampliamente utilizado, dicen que se llama demoscopia y de ella se alimentan infinidad de individuos que, como diría alguien famoso, no tienen otra cosa que hacer. La demoscopia se define como el estudio de las opiniones, aficiones y comportamientos mediante sondeos de opinión.
Yo tengo y mantengo mis dudas sobre la bondad de los resultados, sobre todo en cuanto a la cosa política de los partidos. Y me apoyo en la “opinión” de Totó, el ilustre actor italiano: “La demoscopia descansa en la errónea presunción de que las personas en general tienen opinión.”
Antonio, Focas, Flavio, Angelo, Ducas Comneno de Curtis di Bisanzio Gagliardi nacido en 1898 y fallecido en 1967, como digo, actor, letrista y poeta italiano que intervino, entre 1937 y 1967, en noventa y siete películas y fue considerado una de las figuras del espectáculo más importantes de la historia del cine internacional. Su actividad artística la desarrolló en todos los ámbitos de la cinematografía.
Pues bien, una persona que, entre otras facetas de su vida, desarrolló tanta acatividad, en “mi opinión” es de fiar. Lo que no encuentro tanto de fiar son las conclusiones a que llegan algunos demóscopos.
Buenas tardes

Tal vez sea manía de exfumador pero lo cierto es que los que quemamos tabaco a mansalva durante años y años y que pagamos una inimaginable cantidad de dinero por el vicio, ahora estamos molestos junto a un fumador y nos repugna todo lo relacionado con él, como por ejemplo el caso de los ceniceros repletos. Lo cierto es que los fumadores que, conscientes de las molestias que producen han optado por el uso continuado de los ceniceros.
Puede que los ex seamos mucho más exigentes y pretendemos que los fumadores rematen la faena llegando a la limpieza de los ceniceros para su siguiente uso, liberando de tal limpieza a quienes nada tienen que ver con el tabaco y con su humo.
Estos día me he dedicado a relatar los inconvenientes de los perros y sus caquitas y, ayer, al otro inconveniente social que es la proliferación de chicles en la vía pública. Hoy la referencia es otra.
Los coches, en ocasiones, son como salas de espera de quienes esperan la llegada del novio, de la novia, del esposo o de la esposa que, en ocasiones retardan su llegada con el consiguiente consumo de cigarrillos. En algunas ocasiones las colillas de los cigarrillos consumidos son echados al exterior del automóvil y, las más, van a parar a los ceniceros que todos los coches siguen teniendo en su interior.
Por lo que se ve las esperas suelen ser numerosas y dilatadas. Los ceniceros se atiborran y el fumador que espera, llega a darse cuenta de la acumulación de colillas. Entonces en un gesto de higiene que le honra extrae las colillas y cuando –continuando el gasto—debería depositarlas en una bolsita de plástico… ocurre que las arroja –casi humeantes—al pavimento sobre el que está aparcado el coche. Total: hay espacios muy ocupados por los esperadores absolutamente llenos de colillas, cuando en cualquier sitio existen contenedores que sirven para echar todas las inmundicias, incluso la de los fumadores. M
Ya decía yo que era cuestión de manías de exfumadores y así encontramos manifiestos como el que incluyo.
Buenas tardes.
“”La Dirección Técnica de este Centro Familiar, quiere agradecer al personal fumador, el esfuerzo continuado en la utilización de ceniceros. Es práctica educada y ecológica por demás. No obstante, sabiendo que cualquier otra iniciativa al respecto tendrá amplia y voluntaria aceptación, rogamos a todos los fumadores que, una vez utilizados los ceniceros y, en muchos casos, absolutamente repletos de colillas, los vacíen en lugar adecuado y pasen una “agüita” por los mismos, para evitar olores.””
Miguela es una mujer muy pulcra. Su casa, advirtiendo su comportamiento, debe ser como una patena y todo ha de brillar tal como está mandado en el código no escrito de la pulcritud. Una vez a la semana, colabora con otras mujeres en la limpieza de una parroquia de las de Castellón que, dicho sea de paso, es mi pueblo. Además de darle al mocho y a la escoba, ella se ha impuesto una función que, acorde con su sentir, estima necesaria. Cada viernes cuando ya la limpieza del templo está hecha, Miguela pasa la mano por la parte inferior de los bancos y siempre recoge una cosecha abundante de chiclets que allí son depositados por niños y niñas a los que, en su momento se les reclama atención y, subrepticiamente ellos, muy cucos y sabedores de los que es correcto y no es correcto “pegan” en la parte escondida del banco.
Desgraciadamente no son solo los niños de la catequesis los que incumplen la norma de no ensuciar el espacio común. De ser así, no sería más que una inocente travesura de unas personas que no han llegado ni a la pubertad,
El caso, por ello, es mucho más grave de lo que parece. Las calles y las aceras de mi pueblo de forma ignominiosa aparecen alfombradas de chiclets pisados y, por tanto, aumentado su propio tamaño. Y no solo las calles son depósito de inmundicia. Paséese el lector si quiere por la estación pomposamente denominada intermodal y podrá observar las manchas por el suelo. O váyase a la propia Universidad Jaime I… o a cualquier sitio. Universidad que, por cierto, no hace mucho hizo pública la noticia de que dos de sus alumnos habían encontrado una solución con que paliar actitud tan imbécil.
Me consta que en algunas entidades se tiene en cuenta este estropicio y hasta se prevén partidas presupuestarias con las que mitigar la marranada.
No quiero referirme a las personas que en una supuesta atención al público, siguen mascando chicle adoptando una actitud de lejanía y desprecio que, a mí particularmente, me resulta insoportable.
Buenos días.

En tiempos pasados los pueblos, con dedicación eminentemente rural, descuidaban muchos de los aspectos que hoy consideramos de cumplimiento necesario para con la salud y con la higiene. Cualquier asomo de falta de limpieza es denunciada a los cuatro vientos tratando de preservar, antes que nada, la convivencia.,
No era extraño, hace unos cuantos años, en muchos pueblos ver deambular por la vía pública a gallinas y otras aves de corral a las que se les concedía una libertad de movimientos impensable ahora.
Es bien sabido que aquella libertad avícola, traía, a no dudar, inconvenientes urbanos con consecuencias sanitarias. Aquello pasó, las aves de corral y demás animales de tipo doméstico fueron confinados a su exacto habitáculo. Cuando el personal ha pretendido continuar con la práctica de tener su propio corral y criar los animalillos tal como se había venido practicando desde tiempo inmemorial, ha buscado el lugar adecuado. Todo aquello pasó a la historia. Las aves y los conejos nos son servidos en carnicerías y supermercados debidamente pelados y adecuadamente controlados por la autoridad sanitaria. Ya no hay necesidad de realizar el oneroso trabajo de criar y sacrificar los animalitos.
Lo que ocurre es que, el personal, tras tantos años de contacto con el averío y demás animales, al parecer, tiene necesidad de su contacto y de satisfacer su instinto de pastor, de granjero o de criador de animales sacrificables y, a falta de individuos de tal especie, ha inventado las mascotas que son algo así como animales domésticos pero más inútiles y menos rentables.
Las mascotas sirven para acompañar viejos o para satisfacer las ansias rurales de tantos niños y adolescentes que sueñan con un perro, con un gato o, en casos extremos, con una iguana.
Se ha multiplicado la crianza de mascotas hasta extremos increíbles y puede uno salir a la calle y encontrarse a los paseantes de mascotas… pero. Aquí viene el pero.
Aquellos animales domésticos a que me refería más arriba, de la manera más natural efectuaban sus funciones fisiológicas. Sus dueños lo sabían y pensaban que cualquier terreno era bueno y adecuado para que fuera depositado el resultado de la función.
Los animalitos de ahora, las mascotas, siguen tan libérrimos como aquellos con el inconveniente que supone el asfalto de nuestras calles y el enlosado de nuestra aceras. A pesar de las admoniciones municipales, de las broncas que arman los más estrictos cumplidores de la norma, no existe ningún producto que evite la normal evacuación, siendo por ello necesario el cuidado de la calle con la recogida manual del producto perruno.
No hay día en que en la prensa local no se hable, se proteste y se amenace a quienes tienen reparos en recoger las heces de las mascotas. Al parecer, en nuestra nación el inconveniente está generalizado. Las protestas de todo tipo se suceden con frecuencia.
En fin, que una mascota es muy bonita, puede ser de precio hasta prohibitivo; puede suponer prestigio para quien lo tiene… pero el animalito, ajeno a la sociedad que lo ha encumbrado, caga y mea todo lo que le sobra.
Tengamos cuidado. La cuestión higiénica, es muy importante con el inconveniente de tener unos dueños irresponsables que no se adaptan a la norma que los humanos nos damos para mejor convivencia.,
Buenas noches.
