Ayer martes me pasó por alto el hecho de que se conmemoraba la festividad de San Cristobal que, junto a San Blas componen el equipo patronal de mi pueblo.
Cuando me ocurren fallos como éste, de inmediato echo mano de la “Legenda aurea” o Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine que me pone al día en santoral cristiano.
En ocasiones se ha cuestionado la existencia o no existencia de tal santo de gran predicamento y devoción sobre todo en la edad media, época repleta de pestes y epidemias, lo que, al parecer, posibilitaría su patronazgo al sufrir Castellón tales males, aparte del carácter endémico del paludismo siempre presente nuestro término.
Según el autor citado “Cristóbal de origen cananeo, en su edad adulta llegó a medir doce codos de estatura; por su corpulencia y su aspecto de gigante infundía terror a quienes le veían”. Por su parte San Ambrosio compuso en honor de este santo un prefacio que en su parte final, dice: “Este santo alcanzó de ti la gracia de que perdonaras a quien tanto había perseguido, te rogó que en adelante libraras de enfermedades y de pestes a cuantos se encomendaran a él y tu tuviste a bien acceder a su ruego”.
De ello deduzco el patronazgo de Castellón y compruebo que Cristóbal era un gran gigante. un “codo” es “una medida lineal, que se toma de la distancia que media desde el codo a la extremidad de la mano”. Efectuada la medida de ni antebrazo que resulta ser de cincuenta centímetros, llego a la conclusión que, efectivamente, San Cristóbal podría medir de altura, cuanto menos seis metros.
Y hablando de gigantes en sentido figurado y en relación con la capacidad de trabajo, de sufrimiento y de superación de las personas, he de referirme al amigo Amadeo Ramos, autor del cartel anunciador de las fiestas del Santo que ahora se celebra. A Amadeo lo conozco desde siempre. Desde que el solito cavó el hueco de una cisterna allá por el Grupo San Marcos en lo que era su vivienda. No tendría, mayor mérito si el trabajo lo hubiera realizado con los dos brazos, pero Amadeo no disponía de uno de ellos. Esa circunstancia no le arredró lo más mínimo. Años más tarde lo vi al frente de un restaurante en Peñíscola, en donde camino de casa desde Tarragona, comimos la mejor paella de mi vida. Se dedicó a la venta de pescado, eso si, conduciendo su mujer. Amadeo, en otro aspecto, era –y supongo que lo seguirá siendo—un gran voz flamenca. El cante por lo bajini con acompañamiento de Alex Querol nos hizo vivir veladas inolvidables.
Por fin, ahora, ya mayor lo veo presentando el cartel anunciador de las fiestas de San Cristóbal. Sorprendente como siempre.
Un saludo al amigo Amadeo y par mis clientes, muy buenas tardes.
