Cuando el reciente ”boom” inmobiliario, los vendedores doraban las píldoras promocionales añadiendo en sus ofertas, entre otras ventajas, la plaza de garaje en el mismo edificio o un trastero. Ya opiné sobre la cuestión hace algún tiempo en el sentido de considerar el trastero, eso: un almacén de trastos inservibles, de juguetes irrecuperables, de artilugios rotos. Todo ello aderezado con el olor inconfundible de las cosas viejas que nos hacen levantar las aletas de la nariz en plan defensivo. Pensaba –y sigo pensando— que cuando algo ya no sirve su mejor destino es el ecoparque en el más civilizado de los casos, o más expeditivo, en el contenedor de la basura que tiene la genta bajo de casa.
Pero, por la boca muere el pez. Tengo un garaje en el que cualquier día no me cabrá el coche a la espera de la liquidación de paquetes y cajas preparadas para su expedición a lo más lejano. A pesar de lo que digo más arriba, soy coleccionista de todo y cualquier papel puede ser un dato, un motivo de comentario o un recuerdo.
Cuando estaba escribiendo la serie “Per places, carrers i carrerons”, fijé mi atención en un personaje del que escaseaban noticias a pesar de tratarse de un individuo singular, de un autor teatral, de un notable poeta…nacido en Castellón allá por la primera Guerra Carlista (1837) y fallecido en Madrid en 1883, según unos. Comenzó estudiando Derecho y acabó “com Camot”, como decimos en mi pueblo. Llegó a estrenar algunas comedias entre ellas “El que nace para ochavo” y muchos autores pudieron estrenar otras gracias al negro trabajo de Don Pelayo del Castillo. Pudo con él la vida bohemia de aquel Madrid de la Restauración y dentro de tal vida, a la que adoraba en exceso, la botella.
Una gacetilla sobre teatro publicada en el “Gil Blas” de 24 de Enero de 1887 comenta el estreno de la obra citada, lo cual induce a pensar que 1883, no es la fecha exacta del óbito. Se refiere a las cualidades teatrales del autor: “Su principal talento, el que todos le reconocemos, el que muchos le envidian y del que algunos se aprovechan es el dialogar con una soltura y corrección admirables…” “El día que el autor de (…) escriba por algo más que por el miserable amor a la chuleta; el día que ordene un poco las poderosas facultades de su imaginación y ajuste su vida a las exigencias de la sociedad, que hoy desconoce, aquel día no dudamos que las letras tendrán un adepto que las honre y el teatro un escritor que lo engrandezca…pero ¡esperanza inútil! El día que el Sr. Castillo haga todo eso se considerará desgraciado y hoy no se cree más que un excéntrico”.
Una prueba de sus posibilidades la da el poema siguiente:
Homero pidió limosna;
el ilustre genovés,
el gran Colón mendigando
por toda la Europa fue;
Cervantes pasó en su patria
más trabajos que en Argel;
que los tres tuvieran hambre
es indudable; pues bien;
yo, sin valer la mitad,
tengo el hambre de los tres.
No lo tiren todo. Siempre hay algo del pasado que nos pertenece y no basta la simple memoria. Precisamos del objeto, del papel de lo tangible… pero no lo lleven al trastero.
Buenas tardes.
