Hace algún tiempo (mi archivo es deficiente) me ocupé del juego de pelota que, en nuestra patria chica, la juventud dedicaba entusiasmo y dedicación tratando de alcanzar la gloria en el trinquete o en el frontón. La “pilota de vaqueta” era motivo de tanto entusiasmo y muchos trataban de emular a los más famosos pilotaires. Tanto es así que, tratando de aprovechar cualquier espacio, las paredes espaciosas en plazas y calles, servían para mostrar la calidad de los supuestos jugadores de pelota. Del mismo modo, los propietarios de aquellas paredes-frontón, hartos de los gritos y del ruido de cada partida, se dedicaron a rotularlas con un aviso: “prohibido el juego de pelota”. No sirviendo de mucho la prohibición adoptaron otra medida que, al parecer, fue mucho más efectiva. Las paredes fueron provistas de unas estrías de mortero o yeso que impedían el rebote adecuado de la pelota.
Aquello paso aunque siempre quedan rezagos. En muchos pueblos siguen con los trinquetes y los frontones, en donde siguen enfrentándose, tradicionalmente, “rojos i blaus” y se siguen moviendo capitales importantes.
Pasó aquello y vino el futbol: todo es cuestión de pelota. Las muchedumbres se entusiasmaron con sus equipos y…no sigamos en las enumeraciones pues todos sabemos lo que el juego de la pelotita supone.
A mi me da el olfato que después de tantos partidos como espectadores, como deportistas pasivos, se ha adquirido tal sapiencia futbolera que se precisa poner en práctica los conocimientos teóricos. Algunos aprovechan la playa y los más siguen pasivos. No se dispone de muchos campos en los que ejercitar tal deporte. La sangre hierve y bulle y, por fin, han encontrado la salida a tanta pasividad deportiva.
Parece ser que fue el propio Aznar, quien durante el veraneo en la villa cedida por los Soriano en las Playetas de Bellver, se dedicó a la práctica del “padel”, motivó sobremanera a los ciudadanos y, desde entonces, se han multiplicado las pistas de tal deporte, pariente lejano del tenis y primo hermano del “squas”. Allá por donde vas, aparecen pistas del nuevo y sudoroso deporte para mayor gloria de los ciudadanos, los cuales, previo pago pueden alquilar por un tiempo determinado el espacio adecuado para su voluntarioso ejercicio. Los trinquetes se han quedado arrinconados y en su lugar, como una oleada, aparecen las pistas de la raquetita y la pelotita.
¿Qué por dónde van los tiros? Esta misma mañana, viajero de la línea nueve del urbano castellonense, he visto en la mismísima parada que tiene en la Plaza María Agustina con Gobernador el famoso letrerito de “prohibido el juego de pelota”. La acera allí tiene escasos dos metros de ancha. Bajo la acera el tráfico rodado. Bien es cierto que la tapia ofrece condiciones idóneas para tal juego, pero no lo veo allí factible. Algún chungo ha completado el rótulo pluralizando los dos sustantivos. Claro, la cuestión no es para menos.
Buenas tardes.![]()
Mi amigo Drosi del Raval que estos días se halla reivindicativo (por lo del perejil) y hoy, un tanto añorante y un mucho nostálgico, con lo del membrillo y su sabrosa carne, me perdonará si le reclamo que no prescinda del “codony”, cuando hable de su “raval”. No sé si fue antes el huevo o la gallina, como tampoco sé si el “raval” fue del “”codony” antes de ser de San Félix y San Roque o si fue como consecuencia de su ingesta en determinado cine. Para el caso es lo mismo. Entre la población de la “vila” existe el prurito machacón y pesado de que el Raval del Codony empieza donde termina la calle de En medio, o sea, en el Portal del la Purísima.
Es el membrillo, nuestro “codony”, como bien dice Drosi, fruta de escaso consumo en “crudo” y de sabrosa y apetecible crema una vez manipulado.
Fue en tiempos, junto a la “nyespla”, el “dátil” (el de palmera y el de gos), el “ginjol”, el “lledó” y la “serva”, junto al “arbós” y el “margalló”, la fruta asequible parea mucha gente que carecía de nivel de vida para procurarse postres antes de la llegada de las mandarinas. Desconozco el valor nutritivo de todos ellos pero si son conocidas sus cualidades astringentes que vienen de perilla tras un verano relacionado con frutos de abundante jugo, como los melones y las sandías, amén de las flores de la higuera que son los higos.
Afortunadamente, el nivel de vida (espero que así sea) ha ascendido un tanto para poder permitirnos otro tipo de postre que no sea el barato y casi silvestre ejemplo que les anoto un poco más arriba.
Buenas tardes.




La Iglesia, la gran familia a la que los creyentes pertenecemos, no se olvida de ninguno de sus hijos, ya estén llenos de vida, como de los que llegado su momento pasaron a otra. “Memento” que traducido del latín significa “acuérdate”, dentro de la Misa tiene dos fases, antes de la consagración se pide y se impetra la ayuda del Padre para los vivos y pasada la Consagración se hace para los fallecidos.
Manolo Llopis, mi primer jefe, ayer era, a pesar de su edad, todavía un proyecto de futuro y hoy, quieto, es un recuerdo de alguien que tuvo muy en cuenta el futuro.
Un compañero, lo tildaba de optimista y le puso el apodo de “Manolo Proyectos”. Y, realmente, no fue solo un apodo. A lo largo de su vida pudo demostrar que, muchas de sus quimeras e ilusiones eran realizables y posibles. Estuvo embarcado en infinidad de soluciones, aunque no todas pudieron llevarse a cabo. No era un superhombre. Aunque no llevo un censo completo de sus realizaciones, si puedo acreditar que, con su manera de ver el mundo, involucró a muchas personas para que pudieran hacerse realidad.
El hecho de la creación de la cooperativa de Transportes “Cotransca”, es incontrovertible junto a lo que en principio fue el parador de la Magdalena en la N-340. Puedo acreditar que aquello que en un principio iba para Escuela de Hostelería en el Grao, se atrancó con los inconvenientes burocráticos y con la escasez de fondos. El mismo Fraga Iribarne en su calidad de Ministro de Información y Turismo, “desatrancó” la Escuela y Manolo Llopis pudo, a pesar de todos los inconvenientes, sobre todo los económicos, poner en marcha aquello que a lo largo de los años se ha convertido en algo básico para la industria hostelera.
A Manolo Llopis, hubo algo que le sacó un poco de quicio por las consecuencias del peso de la burocracia. Visitó (visitamos) de forma extraoficial el poblado construido junto al Embalse del Sichar, al objeto de poder convertirlo en residencia de verano para trabajadores o en una mini ciudad vacacional. No pudo ser y muy mal le supo. Más tarde, habiendo variado actitudes ello ha podido ser en otras latitudes. En cuanto al poblado de Sichar, ignoro. Solo sé que fue devastado.
Esa es una pequeña síntesis del paso de Manolo Llopis por este mundo. Optimismo a prueba de bomba y simpatía por los cuatro costados.
Manolo, mi primer jefe, descansa en paz. “Memento mei Deus”
Buenos días.
El último blog que publiqué creo que resultó algo largo y, por tanto, pesado y farragoso. Si así lo piensan mis posibles lectores, lo lamento. Si tal defecto pasó desapercibido, me felicito.
Hoy quiero ser mucho más breve no sea que el calor me licue la sesera y acabe desbarrando. Solo dos cuestiones que veo de bastante cerca.
1. Rototom. Ignoro los entresijos humanos, folklóricos, musicales, económicos y políticos que tras la excesiva, machacona y repetitiva música se esconde o se parapeta. Son varios los festivales ya celebrados, tanto en Benicasim como en Burriana en los que de manera reiterada se computa casi exclusivamente el número de asistentes a tales eventos supuestamente musicales.
La verdad es que el mocerío acude como las mosca al famoso panal de rica miel. Y no es barato aunque en días como el del lunes (no estoy seguro) se ofreciera la gratuidad a quienes acreditasen su pertenencia a las listas del paro. Un conocido mío, accedió de esta forma pero su novia que no pudo acreditar tan corriente y normal estadía, tuvo que abonar una buena cantidad de euros para este momento que se pregona como crítico.
No acabo de comprender cómo con porcentajes tan siniestros de paro juvenil, puede asentarse una industria como la que nos ocupa, que a fuerza de ritmo, encandila y fija paréntesis vitales.
2. Hablaba de Burriana pero ahora quiero hacerlo desde otro punto de vista. En la misma plana de un periódico aparecen dos noticias absolutamente opuestas y antagónicas. La primera el cierre del Museu de la Taronja por débitos a su personal, a la Seguridad Social a Teléfonos y a la compañía de la Luz. Noticia que me parece lamentable siendo el tal museo como un espejo en el que deberían mirarse no sólo los burrianenses, sino todos los habitante de La Plana que, tanto tuvo que ver con el contenido humano, histórico y económico que aparece expuesto en tal Museo.
La segunda, centrada en las próximas fiestas de la Misericordia, se refiere a la cantidad de toros que van a comprarse para “exhibirlos”en tales fiestas, parea regocijo de burrianenses y envidia de vecinos. No sé lo que cuestan los tales toros ni me importa su montante total en el cual está, como patrocinador, el Magnífico Ayuntamiento de Burriana.
Conozco el Museu de la Taronja y lo considero interesante e instructivo si es que estos factores siguen válidos y vigente
En este final de verano tan seco y caluroso, parece que los sesos de muchos también se calientan y se enardecen con lo superfluo, aunque otros muchos se benefician con su enardecimiento.
Ustedes perdonen. Buenas tardes.
El hombre por necesidad tiene que inventar. Muchas veces por verdadera necesidad buscando solución a muchas carencias, otras inventa por azar o casualidad y en algunas ocasiones llega a hacerlo por maldad.
En el primer caso, buscando soluciones se podría decir que Leonardo inventó el tenedor por la necesidad de mejorar el comportamiento en la mesa, evitando con ello el uso de los dedos. Benjamín Franklin al inventar el pararrayos trató de minimizar el efecto destructivo de los rayos y relámpagos y, en consecuencia, domar un poco (muy poco), la enorme cantidad de energía que aparece en el cielo en días de tormenta. Fleming, asustado por la enorme mortandad de la segunda Guerra Mundial causada en su mayor parte por las heridas infectadas, halló casi por casualidad la enzima que le dio la clave para la elaboración de la penicilina.
El azar o la casualidad, en muchos casos, es fruto del estudio y de la investigación. Podríamos decir que el azar está vinculado al trabajo ininterrumpido.
En cuanto al último caso, el de la maldad, resulta evidente que la utilización de gases letales en los campos de exterminio supuso una determinada investigación dedicada a la busca de una mayor eficacia en la tarea que a los campos se tenía encomendada. La utilización de la Bomba Atómica en Japón, aunque se haya querido disfrazar como necesidad para acabar el conflicto, no fue si no, la muerte de cientos de miles de personas en unos segundos y la inutilidad física y mental de muchos más a lo largo de los años.
Aquí, en mi pueblo que es Castellón, también tenemos nuestros inventos, muy modestos, pero, al fin y al cabo, inventos.
Desde finales del siglo XIX y primeros años del XX, con una cierta elevación del nivel de vida y como consecuencia de una necesaria comodidad urbana, se inventaron “los masets”. Dirá el lector: ¿por donde nos sale Toni?
Pues bien. De siempre se ha sabido que la situación del casco urbano, a tan solo veintiocho metros sobre el nivel del mar, consecuentemente con un nivel freático casi al alcance de la mano, unido ello, a la escasa anchura de las viviendas con corral incluido dada la casi mayoritaria dedicación agraria y con un pernicioso y peligroso sistema de evacuación de aguas residuales, basado en pozos ciegos o negros, impelía a la ciudadanía a salirse de madre, buscando espacios menos fétidos y calurosos, como lenitivo a las calores urbanas.
El hecho de que durante las fiestas de agosto, un buen número de castellonenses se lanzase en tromba hacia el Pinar del Grao, no era si no una necesidad de aprovechar el buen tiempo alejándose lo más posible de lo que le resultaba desagradable.
El hecho que me ocupa era el de que quienes de algún modo tenían posibles para hacerlo, buscaban en el secano, la parcelita en la que construir “un maset” con el que mitigar los calores del verano, a la par que cultivaban, al por menor, frutas, hortalizas y verduras. El Crémor, la carretera de Alcora y la “de los Palos”, el Poble Sec… constituían verdaderas colonias veraniegas habitadas ocasionalmente por quienes huían del agobio ciudadano.
El “maset”, en principio, siendo grande o pequeño, modesto o lujoso, respondía a unos cánones coincidentes. Una terraza o “emparrat”, como lugar común de sus habitantes. La orientación era siempre hacia el este. La construcción principal consistía en un espacio amplio que hacía de partidor de las habitaciones que se situaban a derecha a izquierda. Hacia el oeste se abría otra puerta que daba acceso a otra terraza o “emparrat” más reducida que la de la fachada principal. El edificio estaba flanqueado por dos pasillos, norte y sur. Todos los “masets” tenían, por lo menos una terraza que recogía las aguas de lluvia y, alejado lo más posible de la edificación, el “común” o “excusado”, siempre necesario.
Ya digo que la terraza o “emparrat” (de parra) era el lugar común de toda la familia. La terraza trasera servía para que las amas de casa, durante la mañana realizasen labores de aguja o preparasen la comida. El pasillo que daba al norte tenía idéntica función pero para las tardes.
Estamos viendo como cumplía una función muy importante en la vida de los castellonenses. Ellas quedaban, como estaba mandado, al cuidado del “maset” y ellos, normalmente en bicicleta se iban “a Castelló” a cumplir con sus obligaciones. Cuando el regreso a mediodía, los sudores se mitigaban con la ingesta de otro invento, el “nuvolet” que en otros sitios llaman “palomita”, que consistía en un buen vaso de agua recién sacada de la cisterna con una pequeña porción de Anís del Mono.
Todo esto de los inventos me lo sugiere, aquí, en el “Maset de Cuc”, el intenso calor del año 2012 y la necesidad de dejar constancia de alguna de las características de la gente de mi pueblo…que es Castellón.
Buenas noches.
Ha sido el último, un fin de semana repleto de sorpresas agradables, alejado un tanto de la rutina y con la intención de encontrar un mínimo de fresquito con que alegrar el cuerpo cansado de sirocos y demás vientos terrales.
El destino fue un pueblo escondido –como todos los tesoros—entre las montañas del Maestrazgo de Montesa; hundido en una barranca increíble a la que se accede por un tobogán que, de quererlo la administración sería más cómodo en su acceso y menos incómodo para el turista.
Vallibona, el pueblo de nacimiento de la Pastora aquel guerrillero del maquis que al final de sus días murió un tanto reconciliado con el mundo que pretendía trastocar y del que sufrió los embates del absurdo. Hoy, lo que podríamos llamar fuerzas vivas de la mínima población tratan de reivindicar su memoria para satisfacción de todos. De la misma manera que también tratan de enaltecer la memoria del Beato Matíes, escolapio martirizado a cierta distancia del pueblo que lo vio nacer y del que fue sustraído. Dos personajes ya introducidos en la historia devenidos en carnaza de los que odian sin olvidar.
Pero lo verdaderamente sorprendente fue el concierto que en la Iglesia Parroquial tuvo lugar dentro del programa de Fiestas. Un nutrido y joven conjunto de música barroca, procedente del litoral que me encantó y del que quisiera destacar al solista de contrabajo arrancando los aplausos del respetable, sorprendido de la musicalidad de tan voluminoso instrumento.
Todo ello me hace recordar aquella novela (Noverint universi) magistralmente escrita por el amigo Joan Andrés Sorribes, relacionada con el hecho que en Mayo se conmemoró con la Rogativa a Peñarroja de de Tastavins en Teruel. Novela que aconsejo por su calidad y su fidelidad histórica.
Por último y sin que ello signifique agotar los temas, quiero hacer mención al hecho de que Vallibona es uno de los pocos pueblos en los que no se celebran toros.
No quiero terminar sin referirme a la foto que incluyo en la que desde un mirador situado en la carretera de Rosell puede verse el contorno del mapa de España –excluido Portugal—formado por el núcleo urbano del pueblo.
Continuará. Buenas tardes.

Lo que era Camino del Crémor y sus calles adyacentes constituían desde siempre el barrio así llamado, “Cremor”. Gayatas y asociaciones políticas han fagocitado el apelativo y lo que fue barrio es ahora, zona residual urbanizable a expensas de los Planes de Urbanismo. Como buena zona residual cuenta con caminos que son apenas calles transitados por todos los listillos que pretenden haber encontrado el camino más corto entre dos puntos. A pesar de la intrasitabilidad de estos caminos ostentan nombres rimbombantes como avda. de los Estados Unidos, avenida de los Campos Elíseos, Plaza de la Concordia , y, últimamente calle Venecia que nada tiene que ver con su canalizado original: tan solo dispone de un reguero no navegable procedente del Pou del Saboner. ¡Ah! Y una calleja que por conceder una oportunidad a lo típico se denomina Serra del Regajolet.
Pues bien, todo los que por aquí vivimos, salimos a la civilización a través de la nueva estación de FFCC o a través de la carretera de Alcora.
El primero de los accesos, el de la estación está supeditado a la parada de taxis que impiden la salida hacia el sur, impedimento que, los propios taxis no tienen vedada. Esta protesta, presentada anter el Ayuntamiento no ha sido contestada.
En cuanto a la segunda salida, la de la carretera de Alcora, en los últimos años, los vecinos hemos sufrido dos buenas modificaciones en las que los poderes públicos municipales no han tenido mucho éxito en la primera y sobre la segunda, la actual, quiero manifestarles que hemos de sufrir las consecuencias de la sapiencia infinita de los técnicos de urbanismo que son los que imponen señales, semáforos y preferencias (no las ponen).
Hoy mismo he firmado una protesta por la prohibición de giro a la izquierda en el cruce de Carretera de Alcora con el inicio de la Cuadra de la Salera. No sé el caso que el Ayuntamiento puede hacer a nuestra propuesta. Lo que si se es que la protesta es lógica y razonada: simplemente es dejar un poco las como estaban.
Sigue haciendo “caló”.
Buenos días.

Al parecer “la caló” libera comportamientos y nivela las opiniones y las conversaciones. Y también altera la seriedad convirtiéndola en simpática apariencia. A un nieto mío no hace mucho lo reconvine por su manera de expresarse nada de acuerdo con mis supuestas convicciones. Lanzó al viento un verbo corrientísimo en las relaciones sociales al día de hoy. Me crujieron los oídos cuando le escuche la palabra “joder” usada como refuerzo expresivo de admiración. Me dijo que no me extrañara de su uso ya que yo mismo, de Córdoba, le traje una camiseta con la leyenda: “Joé, que caló…”. Tuve que envainar la purista espada de doble filo…
Por ello digo que debe ser la temperatura la que desata la imaginación y así, suelta, nos enmaraña. Y se hace aperturista. Y liberal.
Por más señas un periódico local en un arranque de frivolidad veraniega le cambió el nombre al Presidente de la Diputación: De Javier lo dejó en Vicente. Y ayer, en una de esas fotos que festejan acontecimientos, aniversarios, fines de curso uno de los fotografiados celebraba su “honomástica”… ¿qué más dá?
El Alcalde de Marinaleda allá por la Andalucía, ampara y promueve el asalto a los supermercados mientras toda la nación desde la toalla o el chiringuito se irrita por tal hecho. Mientras, las medallas de Londres se nos conceden con cuentagotas.
Ya digo que debe ser cuestión de “la caló” que nos funde.
Y hablando de la prensa local, al referirse a la ocupación hostelera en el interior cifra su información en un solo municipio por mi admirado y querido y por la autoridad competente jamás comprendido del todo. Morella es en cierto modo ejemplo entre todos. Pero “todos” también tienen su corazoncito y esperan ver en letra impresa o en video o en cine o donde sea los logros conseguidos silenciosamente, para que la desertización humana evidente no llegue más allá de donde lo puedan permitir sus jubilados.
Buenos días. Voy a ponerme a remojo, como el bacalao.

Me considero periférico urbano y cuando me acerco al centro digo que “m´en vaig a Castelló”. Aunque estas incursiones son bastante normales y cercanas en el tiempo, no dejo de sorprenderme. Hoy mismo, puede que por la hora un tanto temprana, --las nueve de la mañana-- he cruzado mi Parque de Ribalta a lo largo de lo que fue “paseo de coches”, recinto ferial, asentamiento del corrosivo mercat del dilluns y ubicación de diferentes eventos más o menos esporádicos allí permitidos desde siempre. Ya digo, no sé si por lo temprano de la hora el sol confería a los plátanos ( a los viejos y a los nuevos) un verdor especial; las plantas de las jardineras ofrecían los colores de sus floraciones. Todo ello me ha hecho pensar que las denuncias que en su momento se presentaron ante la justicia, los avisos de destrozos con los encadenamientos y las manifestaciones en las que se reivindicaba la unidad del parque, a pesar de la sentencia excesivamente tardía, retrasada y extemporánea de los tribunales valencianos, se ha respetado la unidad del parque, y no se ha destrozado nada en el entorno de este nuevo y no estrenado vial.
La posibilidad de que la sentencia obligue a dejar el espacio tal como estaba, me asusta. Destrozar lo que está hecho, aparte de ser una tontería es un gasto que los tiempos actuales no pueden permitir.
Esperemos que todos retomen la correspondiente dosis de “sendèri” y dejemos la fiesta en paz.
Buenos días..

Hoy, en la comida me han servido un vino blanco excelente que, en su parte posterior –donde se expresan las características del caldo—se me informaba de su procedencia fijada en la zona de Cheste en la Provincia de Valencia. En mi pueblo, que es Castellón, siempre se han consumido preferentemente vinos procedentes de aquella zona. Buñol, Chiva, Real de Montroy, hasta Requena. Los vinateros castellonenses los transportaban en odres de piel de cabra que aquí llamábamos “botos” que es la traducción masculinizada de “bota” según me dice el diccionario Alcover. Tanto es así que en época tan peligrosa como la del final de la guerra civil, uno de los hermanos “Casaorets” dueños de taberna en el carrer d´Amunt, falleció como consecuencia de una bomba de aviación en el mismo puente del Mijares. Y con él se perdió su carga de vino que traía de aquella zona que comento.
Lo que realmente me ha chocado aparte su localización en Cheste, es la añadidura informativa de haber sido elaborado el vino con uva procedente de viñas situadas a orillas del Mediterráneo. Y ello es gancho que se añade a la calidad del vino por mentarse aquello que hoy es anhelo e ilusión de tantos habitantes de tierra adentro. Puede mucho el mito mediterráneo para oscurecer la piel y como etiqueta de vinos … ¡o de lo que sea!
Y me ha chocado por la sencilla razón de que esa zona vinícola, extremadamente productiva y perfectamente comercializada, está situada, por lo menos a partir de los veinte kilómetros del Mar Mediterráneo.
Me resulta necesario visto cuanto digo, comentar y resaltar el hecho de que a orillas del mediterráneo, por esta zona, tan solo se cultivaba y se comercializaba el moscatel de Benicassim y Oropesa. Ambos términos estaban dedicados a este cultivo y ambos, en casi toda su superficie era terreno de rodeno, rojo como las mismas Agujas de Santa Águeda.
La composición de este terreno, al parecer, era idóneo para aquella uva moscatel aunque, entre algunos, ya se vislumbraba la posibilidad de modificar cultivos, restando viña y añadiendo almendro. Así lo pensaba algún terrateniente y, a la hora suprema del testamento, repartían sus tierras según las posibilidades agrícolas de sus herederos: la zona de montaña para los más espabilados y la zona de la costa para los menos dotados. Conozco algún caso.
La historia que va modificándose por la acción de los hombres y de sus posibilidades, trastocó aquella intención de manera absoluta. Los herederos de las tierras calificadas de calidad, siguieron años y años, manejando el arado, o el tractor o el motocultor dejándose la piel sobre la tierra. Los otros, los menos dotados, vieron que sus viñas daban a la larga otro fruto que no era la uva moscatel. La transformación de las viñas de “vora mar” en apartamentos y villas dotó a sus propietarios de un caudal económico considerable a pesar de los intermediarios, constructores y promotores.
Aquellas viñas que se extendían desde “la ratlla” fueron transformándose poco a poco en terrenos edificables. Quedaban los terrenos interiores: El tossal de les Forques, la vaguada del Mas de Mingarro, las laderas de las Agujas y poco más.
Ignoro si en la actualidad quedan viñas que se explota de lo que fue “el millor moscatell del món”. Y que se cultivaba a dos metros del agua de mar y no a veinte o treinta kilómetros del Mar Mediterráneo.
Buenas tardes.
