Por lo que veo existe una especie de veneración por todo lo que se refiere a Benicàssim o Benicasím, empezando, claro está, con la grafía del topónimo según sea dicho en castellano o en valenciano. El emporio de riqueza que supone esa babélica ciudad en verano y lo que de fantasma tiene en invierno, mueve voluntades en defensa de lo establecido. Curiosamente, y eso es palmario, existen dos núcleos de población desde siempre: Benicasím pueblo y Las Villas de Benicasim que hasta ahora han estado diferenciados. Las posibilidades de comunicación y la ampliación de los centros urbanos anula esta diferenciación y desaparece para siempre el topónimo “Las Villas”. Hoy todo es Benicasím o Benicàssim. A elegir.
Aquello era realmente muy propio de la época. Un pueblo de escasa población, con medios de vida basados principalmente en la agricultura, con las correspondientes penurias, no podía dejar pasar a las posibilidades que los veraneantes les ofrecían. Esta vinculación o sometimiento del pobre ante el rico duró hasta que, como decía yo mismo no hace mucho, ocurrió lo de la revalorización de los solares próximos al mar para la construcción de apartamentos. Y lo del rico va en serio porque los primitivos ocupantes de Las Villas eran hacendados, propietarios de tierras, fabricantes y comerciantes valencianos que se habían aposentado junto al mar, en lo que de forma chunga denominaban el “cielo y el infierno”.
Aquel periodista que fue de anteguerra, entregado al deporte y a su club deportivo Castellón, Sr. Teijeiro, me contaba que el censo de la gente de Benicasim era principalmente de “llenyaters” y recoveros de escasa hacienda.
Aquello pasó. La riqueza que estaba escondida afloró y hoy los habitantes de la población viven entre Fibs y Rototoms recontando ganancias.
El lector se preguntará el porqué de esta referencia tan larga sobre la vida de Benicasim y sus habitantes. Esta misma mañana, como consecuencia de lo publicado ayer (citaba la neura benicassiera), una bienintencionada señora me recrimina el uso de un gentilicio que no se usa y olvido el que ella supone legal, cual es el de “benicense”. Si ella lo prefiere en próximos comentarios lo usaré, aunque esto de los gentilicios también va a gusto del consumidor. En la edición de 1973, de la Enciclopedia de la Región Valenciana –no superada hasta hoy en calidad—habla de que a los habitantes de Benicássim o Benicasim son “benicassuts”. La verdad es que por su connotación no me entusiasma.
Buenas tardes.

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