Dicen los que más saben sobre cuestiones políticas, económicas y sociales que estamos en un momento peligroso que puede acabar con todo lo que, hasta la fecha, ha sido sustento de nuestros pensamientos y acicate de las ilusiones de muchas personas.
Pero no. Los ladrones que, como se sabe, no son gente honrada han tomado la dirección de casi todas nuestra instituciones y han estado dictando las normas que casi todos hemos estado cumpliendo.
Dicen que hay una quiebra de todo el sistema y que, naturalmente, a pagarlo “pocarropa”. Los ladrones –que son incontables—han utilizado como arma eficaz la mentira en sus más insospechadas variantes.
La mentira, según el diccionario, es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Mentir es inducir a error, es fingir o aparentar, es falsificar algo o, también, faltar a lo prometido quebrantando un pacto.
Doña María Moliner, más a la pata la llana, resulta más incisiva cuando dice que mentir “es decir cosas que no son verdad para engañar”. ¡Madre mía!
Cuanto personal, cuantos personajes, cuantos asesores, cuantos de todo, nos han estado engañando y como ha crecido su censo, en estos últimos tiempos.
Los mentirosos son pertinaces. Si usted pilla a uno en plena tarea de mentir y engañar, lo más posible es que le diga que mentir, según el diccionario de la RAE es “el chasquido que producen las coyunturas de los dedos al estirarlos…” y, seguro, se quedará tan fresco.
Que ustedes lo pasen bien. No alternen con ellos, no les hagan caso porque siempre ustedes saldrán perdiendo y ellos ganando.
Buenas tardes.

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