Alberto Fabra no quiere hablar de lo local. No quiere explicar su gestión al frente del ayuntamiento de Castellón, ni lo que piensa hacer en los próximos cuatro años, si revalida la mayoría absoluta. Su única propuesta es la bronca. La bronca por la bronca. Su programa político es “tirar de una vez a Zapatero a la calle”.
Así evita hablar de su nefasta gestión. Porque de no haber sido por el Plan E que puso en marcha el presidente Zapatero, su balance de gestión hubiera sido nulo.
De todas formas, es casi nulo, porque deja mucho que desear. De lo prometido, no ha hecho prácticamente nada. Lo del TRAM es un escándalo (únicamente conecta la UJI con El Corte Inglés). Y lo demás, una sucesión de incumplimientos. Podríamos hablar de los edificios de Ghery y Calatrava, el nuevo ayuntamiento, el parque de los niños o el deficiente transporte público. O de los problemas judiciales que ha habido en la zona de Els Mestrets o con el PGOU.
Fabra II sabe que es mejor no tocar esos asuntos. Ni hablar de impuestos, ya que para ser del partido que se opone a su subida, ha practicado un aumento de la presión fiscal sin precedentes en esta ciudad.
Como no puede hablar de prácticamente nada, y mítines hay que hacer, un día nos dice que tenemos que ser ‘hostiles al socialismo’ y al siguiente que hay que “tirar de una vez a Zapatero a la calle”.
Eso sí, de los ‘asuntillos’ de sus colegas de partido Fabra (Carlos), Camps, Costa (Ric), Rambla, Betoret, ‘El bigotes’, Ripoll y compañía, prefiere no decir ni media.
Tampoco hace balance de su actuación como diputado autonómico, ya que ha intervenido en contadísimas ocasiones y siempre ha sido para reforzar sus ‘numeritos’ en el ayuntamiento. Digo numeritos porque el ciudadano Fabra (Alberto), a falta de gestión, se ha dedicado durante los últimos cuatro años a hacer oposición al Gobierno. De una doble manera: diciendo que Zapatero discrimina a Castellón y torpedeando todos los proyectos que el Gobierno ha impulsado en esta ciudad.
Sin gestión municipal que presentar y con una deficiente actividad como diputado en Les Corts, ha llegado incluso a obviar su condición de diputado por la provincia de Castellón. Alguna vez, cuando sus propuestas sobre la N-340 llegaron a colisionar con las de la cercana localidad de Benicàssim, no tuvo el más mínimo rubor a la hora de decir que él estaba en las Cortes Valencianas para defender los intereses de la ciudad de Castellón. Una curiosa manera de entender el concepto de ‘capitalidad’, del que tanto nos habló al recibir la vara de mando cuando el otro Fabra defenestró a José Luis Gimeno.
Pues bien, este señor, Alberto Fabra, que tiene esta visión tan amplia del concepto ‘defensa de los intereses de la provincia’ es el cabeza de la lista autonómico del PP por la provincia de Castellón.
Yo no creo que la culpa de la actual situación de crisis y paro sea ni de un único político ni de un único partido. Creo que son muchos los que tienen su cuota parte de responsabilidad. También los ciudadanos de a pie, ya que en su momento nadie hizo ascos a enriquecerse rápidamente especulando con pisos que se compraban por cinco y se vendían por diez.
Cuando el transatlántico de la construcción navegaba a velocidad de crucero nadie se atrevió a desacelerar y enderezar el rumbo.
Creo también que ésta que nos azota es una crisis mundial, sistémica, que está afectado desde el punto de vista del empleo a España con especial virulencia. Pero es bueno reconocer que la cosa venía de lejos, porque en los mejores momentos, había un paro estructural de 2 millones de personas. Ese nivel de paro existía con gobiernos de un signo y de otro.
Una vez hecho este preámbulo quiero referirme a la situación del desempleo en la Comunitat Valenciana. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) casi 600.000 valencianos y valencianas están sin trabajo. Y de ellos, 82.300 son de la provincia de Castellón.
La propaganda oficial que el Partido Popular difunde a los cuatro vientos a través de su coro mediático resuelve el problema echando la culpa del desastre a Zapatero. Para ellos, de esto, como de todo, Zapatero es el gran responsable.
Pero además de ventajista, el argumento me parece falaz. Porque uno tiene memoria y recuerda manifestaciones de dirigentes del PP de hace muy pocos años en las que se decía que si en Castellón estábamos en una situación de pleno empleo era gracias a la gestión de Fabra y Camps.
Quienes antes mantenían semejante argumento ahora pretenden escurrir el bulto echándole la culpa a Zapatero.
Pero sucede que las políticas activas de empleo están transferidas a la Comunidad Valenciana, y que mientras los dirigentes autonómicos del PP cabalgaban a toda velocidad a lomos del ‘ladrillo’ no se preocuparon de poner en marcha una eficaz política industrial que nos podría haber ayudado a diversificar nuestra economía y a resistir mejor los embates de la actual crisis. Camps y sus consellers pudieron haberlo hecho y no lo hicieron. Lo jugaron todo a la carta de la construcción.
Tampoco apostaron por la formación: muchos de los actuales parados abandonaron prematuramente las aulas para arrojarse al maná que se les ofrecía en el sector de la construcción. Ahora sucede que el boom urbanístico se ha terminado y carecen de la suficiente formación para incorporarse a otros sectores.
Con este comentario no pretendo decir que el Gobierno central no tenga su parte de responsabilidad en lo que ha ocurrido, pero me parece muy simple y ventajista la intención de endilgarle la totalidad de la culpa a Zapatero. Ya va siendo hora de que el señor Camps nos cuente qué ha hecho en todos estos años en la Generalitat para evitar que llegáramos a esta preocupante situación.
Porque, insisto, las políticas activas de empleo en esta Comunidad están transferidas a la Generalitat. Y no debería colar eso de que cuando las cosas van bien es gracias a los Fabra y a los Camps (Francisco y Gerardo) y que cuando pintan bastos él único culpable es Zapatero. No está bien faltar al respeto de la inteligencia de la ciudadanía. Vamos, digo yo.
Periodista, locutor de radio y TV. FRASE: El pueblo, con su voto, da el poder, pero no absuelve de nada. Para eso está el poder judicial.